Es una buena noticia que Marruecos afirme estar dispuesto a recibir de vuelta a sus menores "desde mañana", aunque mencionen lagunas legales. Es lo sensato. No podemos seguir permitiendo que estos niños permanezcan lejos de sus familias, en un país que no es el suyo, cuando la solución más humana y lógica es su reagrupación familiar. Los menores deben criarse en su entorno, con sus padres y hermanos, recibiendo el cariño y la educación de los suyos. No hay discusión posible: lo que más necesitan es ese calor humano que ningún centro de acogida puede sustituir.
Es una buena noticia que Marruecos afirme estar dispuesto a recibir de vuelta a sus menores "desde mañana", aunque mencionen lagunas legales. Es lo sensato. No podemos seguir permitiendo que estos niños permanezcan lejos de sus familias, en un país que no es el suyo, cuando la solución más humana y lógica es su reagrupación familiar. Los menores deben criarse en su entorno, con sus padres y hermanos, recibiendo el cariño y la educación de los suyos. No hay discusión posible: lo que más necesitan es ese calor humano que ningún centro de acogida puede sustituir.
No hemos parado de insistir en ello, y lo repetimos una y otra vez: la mejor opción para estos niños es estar con sus familias. El sufrimiento de unos padres que no saben dónde están sus hijos es desgarrador. Ningún sistema de protección, por muy bienintencionado que sea, puede aliviar ese dolor. Y tampoco es justo que Ceuta, por ejemplo, se vea desbordada tratando de atender una situación que no le corresponde gestionar en solitario.
Las lagunas legales a las que alude Marruecos deben ser abordadas con urgencia y determinación. No podemos permitir que tecnicismos y papeleos se conviertan en barreras insalvables para reunificar a estos menores con sus familias. La burocracia no puede anteponerse a la humanidad. Marruecos y España tienen que trabajar conjuntamente para que estos retornos sean una realidad lo antes posible.
Es cierto que se ha dicho en repetidas ocasiones que este es el camino a seguir, pero es hora de pasar de las palabras a los hechos. Las autoridades deben actuar sin más dilaciones, porque la infancia de estos niños no se puede recuperar, y cada día que pasan lejos de su hogar es un día que no volverá.
La solución es clara y, por fin, parece que estamos en el buen camino. Ahora lo que toca es poner en marcha ese proceso de retorno familiar, con la celeridad y sensibilidad que una situación como esta exige.
