Los empresarios de Ceuta y Melilla llevan meses alzando la voz, y con razón. La opacidad que rodea a la aduana comercial, esa que debería garantizar un flujo ordenado y transparente de mercancías entre España y Marruecos, no hace más que generar incertidumbre y desconfianza. ¿Cómo se puede hablar de acuerdos bilaterales cuando una de las partes, en este caso Marruecos, parece jugar con cartas marcadas? La realidad es que el rey Mohamed VI actúa como si las reglas estuvieran hechas a su conveniencia, mientras nuestro Gobierno se limita a mirar hacia otro lado.
Los empresarios de Ceuta y Melilla llevan meses alzando la voz, y con razón. La opacidad que rodea a la aduana comercial, esa que debería garantizar un flujo ordenado y transparente de mercancías entre España y Marruecos, no hace más que generar incertidumbre y desconfianza. ¿Cómo se puede hablar de acuerdos bilaterales cuando una de las partes, en este caso Marruecos, parece jugar con cartas marcadas? La realidad es que el rey Mohamed VI actúa como si las reglas estuvieran hechas a su conveniencia, mientras nuestro Gobierno se limita a mirar hacia otro lado.
Pedro Sánchez, quien debería ser el primero en exigir claridad y respeto a los compromisos internacionales, se muestra atrapado en un silencio que desconcierta. ¿Qué tipo de presiones soporta nuestro presidente para mantenerse tan inmóvil? ¿Qué intereses le atan las manos mientras los empresarios ven cómo sus actividades se complican y la economía de ambas ciudades autónomas sufre las consecuencias? Estas son preguntas que necesitan respuestas urgentes, pero parece que nadie en el Gobierno está dispuesto a darlas.
La actitud de Marruecos no es nueva. La presión constante sobre Ceuta y Melilla forma parte de una estrategia que busca debilitar la posición española en el norte de África. Lo que sí sorprende es la pasividad de nuestro Gobierno, más preocupado por evitar conflictos diplomáticos que por defender los intereses de los ciudadanos y empresarios de estas ciudades. La falta de una postura firme solo alimenta la sensación de vulnerabilidad y abandono en la que viven los ceutíes y melillenses.
España no puede permitirse gobernantes que se dejen amedrentar. Mohamed VI no respeta ni las reglas ni los acuerdos, y no lo hará mientras no encuentre una respuesta contundente al otro lado. Es hora de que nuestro presidente actúe con valentía, no solo por Ceuta y Melilla, sino por la dignidad de todo un país. Gobernar implica tomar decisiones difíciles, incluso cuando la presión es grande y los riesgos son altos.
Los ciudadanos de Ceuta y Melilla, y con ellos toda España, merecen un Gobierno que no baje la cabeza ante nadie, que defienda nuestros intereses con firmeza y que ponga fin a esta sensación de debilidad que nos acompaña en cada paso. Así no se puede gobernar un país. Es hora de un cambio de actitud, y no puedes esperar más.
