La Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género ha puesto el foco en una cuestión que, aunque no debería ser polémica, lo sigue siendo: erradicar el uso del falso síndrome de alienación parental (SAP) en los juzgados. Un concepto desacreditado por la ciencia y las organizaciones internacionales, pero que, sorprendentemente, continúa utilizándose como arma en casos de custodia y violencia de género. Es hora de que cerremos este capítulo oscuro y pongamos los derechos de los menores y las víctimas en el centro del debate.
La Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género ha puesto el foco en una cuestión que, aunque no debería ser polémica, lo sigue siendo: erradicar el uso del falso síndrome de alienación parental (SAP) en los juzgados. Un concepto desacreditado por la ciencia y las organizaciones internacionales, pero que, sorprendentemente, continúa utilizándose como arma en casos de custodia y violencia de género. Es hora de que cerremos este capítulo oscuro y pongamos los derechos de los menores y las víctimas en el centro del debate.
El SAP, inventado sin base científica alguna, se ha usado para deslegitimar testimonios de mujeres y niños que denuncian abusos. Bajo el paraguas de este "síndrome", se acusa a las madres de manipular a sus hijos para alejarlos de sus padres, ignorando el sufrimiento real que muchas veces se esconde tras estas situaciones. Que un sistema judicial se apoye en teorías desechadas es un problema grave, y la iniciativa de la Delegación del Gobierno busca frenar esta práctica dañina.
Lo más alarmante es que el falso SAP perpetúa un sistema que revictimiza. Cuando los tribunales validan estas ideas, están restando credibilidad a las víctimas y enviando un mensaje peligroso: que el abuso puede ser relativizado o incluso ignorado. Es imprescindible que los jueces y los operadores jurídicos reciban formación especializada y que este tipo de argumentos no tengan cabida en ninguna resolución judicial.
Sin embargo, esta lucha no es solo de las instituciones. Como sociedad, debemos entender que proteger a los menores y a las víctimas de violencia de género no es una opción, sino un deber. Combatir la desinformación y desmontar mitos como el SAP es parte del camino hacia una justicia más humana y eficaz.
Con medidas como esta, se abre una puerta a la esperanza. Pero también es una llamada a la acción. Porque cuando hablamos de justicia, no hay espacio para teorías obsoletas ni excusas que perpetúen el sufrimiento de quienes más nos necesitan. La eliminación del falso síndrome de alienación parental no es solo una victoria técnica, es una cuestión de dignidad y derechos humanos.
