Mientras el presidente de Juan Vivas recibía esta semana en el Palacio Autonómico al secretario de Estado de Justicia, Manuel Olmedo, para hablar de digitalización, inteligencia artificial y modernización judicial, fuera del salón oficial la ciudad seguía atrapada en conversaciones mucho más terrenales: alquileres imposibles, negocios que cierran y familias haciendo cuentas para llegar a fin de mes.
Mientras el presidente de Juan Vivas recibía esta semana en el Palacio Autonómico al secretario de Estado de Justicia, Manuel Olmedo, para hablar de digitalización, inteligencia artificial y modernización judicial, fuera del salón oficial la ciudad seguía atrapada en conversaciones mucho más terrenales: alquileres imposibles, negocios que cierran y familias haciendo cuentas para llegar a fin de mes.
Ceuta parece vivir en dos velocidades. Una institucional, elegante y llena de discursos sobre futuro tecnológico. Y otra real, la de la calle, donde cada persiana bajada pesa más que cualquier proyecto de innovación. Resulta difícil pedir ilusión a quien ve cómo el empleo se estanca mientras las grandes palabras apenas se traducen en mejoras palpables.
La política también tiene un problema de desconexión cuando habla demasiado hacia arriba y escucha poco hacia abajo. Porque está bien hablar de inteligencia artificial en los juzgados, pero quizá antes habría que preguntarse por qué tantos jóvenes siguen pensando que su única salida está fuera de Ceuta.
La sensación es que el debate político local vive instalado en la foto institucional permanente mientras la ciudad reclama soluciones menos solemnes y más urgentes. Y esa distancia, cada día, se nota más.
