La situación que atraviesa la Residencia de Mayores Gerón ha saltado de los pasillos del centro a la opinión pública, y no es para menos. Familias, trabajadores y asociaciones coinciden en un punto: la gestión actual es “insostenible”. Hablar de esta residencia ya no es solo referirse a un servicio público, sino a un espejo de las carencias estructurales que arrastra nuestra ciudad en materia de cuidados a mayores.
La situación que atraviesa la Residencia de Mayores Gerón ha saltado de los pasillos del centro a la opinión pública, y no es para menos. Familias, trabajadores y asociaciones coinciden en un punto: la gestión actual es “insostenible”. Hablar de esta residencia ya no es solo referirse a un servicio público, sino a un espejo de las carencias estructurales que arrastra nuestra ciudad en materia de cuidados a mayores.
El personal denuncia falta de personal suficiente, exceso de horas de trabajo y condiciones que ponen en riesgo tanto su salud como la de los residentes. Es difícil imaginar cómo se puede garantizar un cuidado digno y humano cuando los recursos son insuficientes y la plantilla se ve obligada a multiplicar esfuerzos para cubrir necesidades básicas. La consecuencia directa es evidente: un servicio deficiente que repercute en quienes más vulnerables son, nuestros mayores.
A esto se suma la crítica económica: salarios que no reflejan la responsabilidad y el esfuerzo que requiere cuidar a personas dependientes. No es solo una cuestión de justicia laboral; es también un problema de seguridad y calidad de vida. Cuando los trabajadores están sobrecargados y desmotivados, inevitablemente se resiente la atención a quienes dependen de ellos.
El silencio y la falta de medidas contundentes por parte de las autoridades locales no ayudan. La ciudadanía espera soluciones, no excusas ni demoras. Mejorar la gestión de Gerón no es solo un asunto administrativo, es un compromiso moral con nuestros mayores y con quienes, día tras día, dedican su vida a cuidarlos.
Si queremos que Ceuta sea una ciudad que cuide de sus mayores, hace falta valentía política y planificación realista: inversión, personal suficiente y condiciones laborales dignas. De lo contrario, la palabra “residencia” seguirá siendo un eufemismo para un lugar donde la precariedad gana terreno al respeto y la atención que nuestros mayores merecen.
