La noticia de que FRS dejará de operar la ruta Tarifa-Tánger desde el próximo lunes no ha sorprendido a muchos, pero sí ha confirmado lo que ya era un secreto a voces: la naviera está de capa caída. Hace tiempo que el servicio deja mucho que desear, y lo que empezó siendo una compañía de referencia en el Estrecho ha ido perdiendo rumbo hasta quedar a la deriva. Lo que antes era eficiencia, ahora es caos; lo que antes era atención al cliente, ahora es desgana y malos modos.
La noticia de que FRS dejará de operar la ruta Tarifa-Tánger desde el próximo lunes no ha sorprendido a muchos, pero sí ha confirmado lo que ya era un secreto a voces: la naviera está de capa caída. Hace tiempo que el servicio deja mucho que desear, y lo que empezó siendo una compañía de referencia en el Estrecho ha ido perdiendo rumbo hasta quedar a la deriva. Lo que antes era eficiencia, ahora es caos; lo que antes era atención al cliente, ahora es desgana y malos modos.
Lo preocupante no es solo el cierre de una línea internacional importante, sino que la ruta Ceuta-Algeciras podría seguir el mismo camino. Actualmente, FRS opera este trayecto con un barco alquilado a Balearia, y a bordo lo que reina es la desorganización. Hay que decirlo claro: la calidad del servicio ha caído en picado. Usuarios que no reciben ni una sonrisa, trabajadoras que responden con brusquedad y una atención que dista mucho del mínimo aceptable para una empresa que vive del transporte de personas.
La situación es tan grave que ya no basta con pequeños ajustes o parches. FRS necesita una reestructuración profunda si quiere seguir teniendo futuro en el Estrecho. No se puede pretender competir en un mercado exigente ofreciendo un servicio que parece más un castigo que una experiencia de viaje. La competencia es fuerte y los usuarios no están dispuestos a pagar por ser maltratados.
Lamentablemente, este declive no solo afecta a la imagen de la naviera, sino también a los trabajadores que sí se esfuerzan y a los miles de pasajeros que necesitan alternativas fiables y dignas. Una compañía marítima no puede permitirse este nivel de dejadez sin que eso le pase factura, y todo apunta a que la cuenta ya está llegando.
Si FRS no reacciona pronto, si no invierte en flota, en personal cualificado y en una atención respetuosa, acabará desapareciendo del Estrecho. Y será una pena, porque aún está a tiempo de evitar el naufragio definitivo. ¿Lo querrán ver? ¿O seguirán achicando agua con los brazos cruzados?
