Es inadmisible que una empresa municipal pública como Servilimpce, que debería ser ejemplo de transparencia y gestión, se vea salpicada por la vergonzosa traición de aquellos que, desde el Consejo de Administración, deberían velar por su buen funcionamiento. No estamos hablando de la crítica legítima de sindicatos o de las dudas razonables de los trabajadores, sino de la filtración de documentos confidenciales por parte de una fuente administrativa, supuestamente uno de los designados por el Gobierno o los partidos políticos para garantizar la integridad de la empresa.
Es inadmisible que una empresa municipal pública como Servilimpce, que debería ser ejemplo de transparencia y gestión, se vea salpicada por la vergonzosa traición de aquellos que, desde el Consejo de Administración, deberían velar por su buen funcionamiento. No estamos hablando de la crítica legítima de sindicatos o de las dudas razonables de los trabajadores, sino de la filtración de documentos confidenciales por parte de una fuente administrativa, supuestamente uno de los designados por el Gobierno o los partidos políticos para garantizar la integridad de la empresa.
La situación es tan grave como inaudita. Una cosa es que los sindicatos alcen la voz para denunciar lo que consideran una mala gestión, algo que entra dentro de la lógica democrática y del derecho a la reivindicación. Pero muy distinto, y mucho más preocupante, es que las filtraciones provengan de quien debe proteger la confidencialidad y la estabilidad de la empresa. Es una traición en toda regla, no solo a la institución sino también a la ciudadanía, que confía en que las empresas públicas se rijan bajo los principios de responsabilidad y profesionalidad.
Además, quien ha filtrado la información lo ha hecho de forma malintencionada, de forma sesgada, y sin explicar otras muchas cuestiones, por lo que el único fin que ha buscado ha sido hacer daño a la empresa
¿Qué credibilidad tiene un Consejo de Administración donde algunos de sus miembros actúan como topos en lugar de como guardianes? ¿Cómo se puede gestionar de forma eficaz una empresa pública si quien debe tomar decisiones se dedica, en cambio, a socavarla desde dentro? Estas filtraciones no solo dañan la imagen de Servilimpce, sino que ponen en entredicho la capacidad de la Ciudad Autónoma para controlar sus propias empresas públicas.
La reacción de la Ciudad Autónoma no puede limitarse a una simple reprimenda o al enésimo comunicado tibio. Es necesario que se identifique al responsable de esta filtración y que se adopten las medidas oportunas. Si se trata de un cargo de confianza política, su destitución debería ser inmediata. Si es un funcionario, que se aplique el régimen disciplinario sin contemplaciones. No se puede permitir que el zorro siga cuidando del gallinero.
Este escándalo debería servir también como una llamada de atención para revisar en profundidad cómo se eligen y supervisan a los miembros del Consejo de Administración de las empresas públicas. No basta con colocar nombres por cuotas o favores políticos; se necesita experiencia, profesionalidad y, sobre todo, lealtad institucional.
La Ciudad Autónoma tiene ante sí una oportunidad inmejorable para demostrar que la transparencia y la responsabilidad no son solo palabras bonitas. Es hora de actuar con firmeza, cortar de raíz estas prácticas desleales y garantizar que Servilimpce pueda centrarse en lo que realmente importa: ofrecer un buen servicio de limpieza a los ciudadanos de Ceuta sin más sombras ni traiciones.
