En Ceuta, las agresiones a sanitarios se han vuelto una triste constante que, sin embargo, parece no preocupar lo suficiente a quienes deberían estar en primera fila defendiendo a nuestros profesionales. En los últimos días, hemos sido testigos de dos nuevos ataques, un dato escalofriante que debería encender todas las alarmas. Sin embargo, las autoridades, incluida la Delegación del Gobierno, parecen cómodas en su silencio, como si ignorar el problema lo hiciera desaparecer.
En Ceuta, las agresiones a sanitarios se han vuelto una triste constante que, sin embargo, parece no preocupar lo suficiente a quienes deberían estar en primera fila defendiendo a nuestros profesionales. En los últimos días, hemos sido testigos de dos nuevos ataques, un dato escalofriante que debería encender todas las alarmas. Sin embargo, las autoridades, incluida la Delegación del Gobierno, parecen cómodas en su silencio, como si ignorar el problema lo hiciera desaparecer.
Es increíble que, mientras los sanitarios trabajan bajo presión extrema y con recursos limitados, tengan que enfrentarse también al miedo de ser agredidos en su lugar de trabajo. La delegada del Gobierno, Cristina Pérez, debería estar liderando un plan para garantizar su seguridad. Pero no. Ni un comunicado, ni una iniciativa concreta. Solo silencio. ¿Es esto lo que merecen quienes dedican su vida a cuidarnos?
Hablamos mucho de valorar a los sanitarios, especialmente tras la pandemia, pero la realidad es que las palabras no se traducen en acciones. Los agresores siguen actuando con impunidad porque no hay una estrategia clara que disuada este tipo de comportamientos. Se necesitan medidas urgentes: más seguridad en los centros, campañas de sensibilización y protocolos claros para proteger a los profesionales.
Lo más alarmante no es solo la falta de acción, sino la indiferencia. Parece que las agresiones solo importan mientras ocupan titulares. Luego, el asunto se archiva hasta el siguiente incidente. Pero esto no puede seguir así. El Gobierno central y la Delegación del Gobierno deben asumir su responsabilidad. Si no lo hacen, están enviando un mensaje claro: los sanitarios están solos.
Ya es hora de pasar de las promesas vacías a las soluciones reales. Porque lo que está en juego no es solo la seguridad de nuestros profesionales, sino la confianza en las instituciones que deben protegerlos. Y, ahora mismo, esa confianza está en cuidados intensivos.
