Carlos Verdejo parece haber encontrado una fórmula para volver a ser protagonista en la Asamblea: presentar propuestas cada vez más estridentes. Cuando el resto de grupos apenas entra ya al trapo y sus iniciativas terminan rechazadas, el diputado no adscrito sube un poco más el volumen. Esta vez ha decidido hacerlo nada menos que poniendo sobre la mesa que los ceutíes puedan debatir “alternativas” al actual modelo de vinculación de Ceuta con España.
Carlos Verdejo parece haber encontrado una fórmula para volver a ser protagonista en la Asamblea: presentar propuestas cada vez más estridentes. Cuando el resto de grupos apenas entra ya al trapo y sus iniciativas terminan rechazadas, el diputado no adscrito sube un poco más el volumen. Esta vez ha decidido hacerlo nada menos que poniendo sobre la mesa que los ceutíes puedan debatir “alternativas” al actual modelo de vinculación de Ceuta con España.
Hay debates necesarios y otros que parecen fabricados únicamente para provocar ruido. Porque cuesta encontrar en la sociedad ceutí una demanda significativa que esté reclamando discutir si Ceuta debe replantearse su pertenencia a España. En medio de una crisis que ha puesto precisamente la soberanía y la seguridad de la ciudad en el centro de la conversación pública, abrir semejante melón resulta, como mínimo, difícil de entender.
Lo más llamativo es comprobar la evolución política del propio Verdejo. En 2022, cuando todavía pertenecía a Vox, defendía en el Pleno que el Gobierno de España debía actuar diplomáticamente para lograr que Marruecos reconociera la soberanía española sobre Ceuta y otros territorios. Ahora plantea que la pertenencia política de Ceuta a España no debe considerarse una obligación histórica perpetua y reivindica el derecho a discutir su futuro político e internacional. Cada cual puede cambiar de opinión, faltaría más, pero semejante giro merece explicaciones bastante más profundas que una propuesta destinada a sacudir un pleno.
Quizá el problema de Verdejo sea precisamente ese: cuando un político consigue que sus compañeros de Cámara prefieran votar y continuar con el orden del día antes que dedicarle tiempo, debería preguntarse si el problema está siempre en los demás. La política no consiste simplemente en epatar, provocar una reacción o conseguir unos minutos de atención. Consiste en plantear soluciones a los problemas reales de los ciudadanos, y Ceuta tiene ahora mismo una lista suficientemente larga como para inventarse otros.
La españolidad de Ceuta puede defenderse, discutirse jurídicamente, estudiarse históricamente y reforzarse institucionalmente. Lo que resulta difícil de justificar es convertirla en material para llamar la atención parlamentaria cuando no existe una demanda social relevante detrás. Verdejo quería que se hablara de su propuesta y lo ha conseguido. Otra cosa muy distinta es que haya conseguido que alguien quiera seguirle el debate.