Lo del Imserso en Ceuta no es solo un problema, es una vergüenza. No hay médicos para realizar las valoraciones, los sistemas informáticos parecen de otra época y la lista de espera para obtener un certificado de discapacidad ya supera las 1.500 personas. ¿De verdad es tan difícil gestionar esto con un mínimo de seriedad? Lo que debería ser un servicio ágil y humano se ha convertido en una carrera de obstáculos interminable para quienes más lo necesitan.
Lo del Imserso en Ceuta no es solo un problema, es una vergüenza. No hay médicos para realizar las valoraciones, los sistemas informáticos parecen de otra época y la lista de espera para obtener un certificado de discapacidad ya supera las 1.500 personas. ¿De verdad es tan difícil gestionar esto con un mínimo de seriedad? Lo que debería ser un servicio ágil y humano se ha convertido en una carrera de obstáculos interminable para quienes más lo necesitan.
Mientras tanto, desde la Delegación del Gobierno, silencio absoluto. Cristina Pérez, la máxima responsable del Estado en nuestra ciudad, ni está ni se le espera. Lo mismo da que hablemos de presión migratoria, de sanidad o del colapso del Imserso: todo se le va de las manos o, peor aún, parece no importarle. La falta de respuesta y de soluciones concretas empieza a ser una constante que ya no sorprende a nadie, pero sí indigna.
La situación es tan crítica que hay personas que llevan más de un año esperando una valoración que les permitiría acceder a ayudas vitales. ¿Qué pasa con ellas? ¿Acaso su sufrimiento no cuenta? Las administraciones tienen la obligación de cuidar a los más vulnerables, y aquí están fallando estrepitosamente. No vale escudarse en que “faltan medios” cuando no hay ni voluntad ni gestión.
El Imserso no necesita parches, necesita una intervención urgente. Se requieren médicos, tecnología actualizada y una estructura de trabajo eficiente. Y sobre todo, hace falta una dirección política que esté a la altura, que mire de frente los problemas de Ceuta y deje de esconderse detrás de excusas o notas de prensa vacías.
Ya basta de mirar hacia otro lado. El Estado tiene que responder. Y si la delegada del Gobierno no está dispuesta o no sabe cómo hacerlo, que se aparte y deje paso a quien sí tenga capacidad para tomar decisiones y resolver problemas. Porque Ceuta no puede seguir pagando la incompetencia ajena.
