La Sentencia
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No hacen falta 10.000 personas corriendo hacia la frontera para preguntarse qué está pasando en Ceuta. Hay otra realidad mucho menos espectacular, que quizá no abre informativos ni merece grandes titulares, pero que se percibe prácticamente a diario: el goteo de inmigrantes que consigue entrar en la ciudad, unos a nado y otros por la frontera terrestre. Un día pueden ser tres, otro dos y otro solamente uno. Pero la cuestión no es únicamente cuántos son. La cuestión verdaderamente preocupante es que siga ocurriendo.

No hacen falta 10.000 personas corriendo hacia la frontera para preguntarse qué está pasando en Ceuta. Hay otra realidad mucho menos espectacular, que quizá no abre informativos ni merece grandes titulares, pero que se percibe prácticamente a diario: el goteo de inmigrantes que consigue entrar en la ciudad, unos a nado y otros por la frontera terrestre. Un día pueden ser tres, otro dos y otro solamente uno. Pero la cuestión no es únicamente cuántos son. La cuestión verdaderamente preocupante es que siga ocurriendo.

Y ahí es donde alguien tendrá que dar explicaciones. Después de todo lo vivido desde finales de julio, con un despliegue extraordinario de Policía Nacional y Guardia Civil y con la frontera convertida en uno de los principales asuntos de seguridad de España, ¿cómo es posible que todavía haya personas capaces de alcanzar territorio español irregularmente? ¿Qué está fallando? ¿Dónde están los agujeros? Porque si hablamos de entradas pequeñas pero constantes, precisamente su escaso número puede hacerlas pasar inadvertidas para buena parte de la opinión pública, pero no convierte el problema en inexistente.

Lo mismo ocurre en el mar. Ceuta tiene un perímetro especialmente complicado y nadie puede pretender que cada metro de costa sea una muralla infranqueable. Pero tampoco podemos aceptar como normal que alguien se eche al agua desde Marruecos y consiga llegar a territorio español mientras la ciudad todavía intenta recuperarse de la mayor crisis migratoria que ha sufrido en décadas. Si entran uno, dos o tres hoy y vuelve a suceder mañana, pasado y al otro, ya no estamos hablando de un episodio aislado. Estamos hablando de un problema que merece respuestas.

Y quizá eso sea lo más inquietante: que el pequeño número termine convirtiendo estas entradas en paisaje. Que como no hay miles de personas en la frontera, cámaras de televisión o imágenes que recorran España, parezca que no ocurre nada. Ceuta no puede acostumbrarse a contar llegadas irregulares como quien cuenta las olas del Estrecho. La frontera terrestre y marítima tiene que vigilarse todos los días, no únicamente cuando circula una convocatoria en redes sociales o cuando existe riesgo de una entrada multitudinaria.

El Gobierno debería explicar con transparencia cuántas entradas irregulares se están registrando realmente desde el 30 de julio, por qué vías se producen y qué medidas está adoptando para cerrarlas. Porque una frontera no deja de fallar porque entren pocos cada vez. Si el goteo es constante, el problema sigue ahí. Quizá sin grandes titulares, quizá sin imágenes espectaculares, pero ahí está. Y después de todo lo ocurrido en Ceuta, mirar hacia otro lado ya no puede ser una opción.

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Ceuta, Lunes 28 de Septiembre del 2026

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