La noche de Ceuta dejó una imagen que, sinceramente, cuesta olvidar. En la celebración de la San Juan, el cielo se llenó de luces con un espectáculo de drones sobre el mar que sorprendió a muchos. No fue el típico estruendo de siempre, sino algo más pausado, más visual… casi como si el cielo estuviera contando su propia historia.
La noche de Ceuta dejó una imagen que, sinceramente, cuesta olvidar. En la celebración de la San Juan, el cielo se llenó de luces con un espectáculo de drones sobre el mar que sorprendió a muchos. No fue el típico estruendo de siempre, sino algo más pausado, más visual… casi como si el cielo estuviera contando su propia historia.
Y es que hay que decirlo claro: gustará más o menos, pero lo de los drones tiene algo especial. No asustan, no ensordecen y, aun así, te quedas mirando como un niño. Cambian la forma de vivir la noche, sin ese ruido que a veces termina cansando más que emocionando.
Ahora bien, tampoco se trata de poner a parir la pirotecnia de toda la vida. Forma parte de nuestras fiestas, de nuestras tradiciones, y también tiene su punto. Pero cuando ves un espectáculo así, más limpio y más cuidado con el entorno, es normal que te plantees si no estamos ante una alternativa que ha venido para quedarse.
Al final, lo importante es lo que se vivió en la orilla del mar: gente mirando al cielo en silencio, comentando, señalando, sonriendo. Eso es lo que queda. Y en Ceuta, esa noche de San Juan, el cielo no solo brilló… también emocionó un poco más de lo esperado.
