Mientras en el resto del país se encienden las alarmas por el aumento del consumo de cocaína, en Ceuta respiramos, al menos de momento, un aire algo más limpio en ese sentido. Pero no nos engañemos: aquí el problema no es solo la droga dura, sino la impunidad con la que se mueven ciertas prácticas que afectan directamente a la convivencia. Porque si hay algo que todos en esta ciudad conocemos, son los puntos negros de venta de droga. Los conocen los vecinos, los comerciantes, los jóvenes… todos, menos quienes deberían actuar: las fuerzas de seguridad.
Mientras en el resto del país se encienden las alarmas por el aumento del consumo de cocaína, en Ceuta respiramos, al menos de momento, un aire algo más limpio en ese sentido. Pero no nos engañemos: aquí el problema no es solo la droga dura, sino la impunidad con la que se mueven ciertas prácticas que afectan directamente a la convivencia. Porque si hay algo que todos en esta ciudad conocemos, son los puntos negros de venta de droga. Los conocen los vecinos, los comerciantes, los jóvenes… todos, menos quienes deberían actuar: las fuerzas de seguridad.
A eso hay que sumar el descontrol con el alcohol. Basta darse una vuelta por cualquier local de copas un fin de semana para comprobar cómo se sigue vendiendo alcohol a menores sin el más mínimo reparo. Nadie pide un DNI, nadie se preocupa, y nadie sanciona. Y si hablamos de las ordenanzas municipales, las que regulan desde la basura hasta el ruido, la sensación es de que cada uno hace lo que le da la gana: sacan la basura cuando quieren, montan vertederos improvisados, y ni rastro de autoridad que ponga orden.
La pregunta es inevitable: ¿para qué tenemos cuerpos policiales si no hacen cumplir las normas más básicas? Aquí nadie habla de heroicidades, sino de presencia, de control, de trabajo serio. Pero lo que hay es dejadez, descoordinación y, en algunos casos, una alarmante falta de voluntad. Y no es solo culpa de los agentes a pie de calle: hay mandos, responsables políticos y representantes institucionales que deberían haber tomado decisiones hace mucho.
Quizá va siendo hora de hacer una revisión a fondo. ¿De verdad están capacitados todos los policías para ejercer su función? ¿Y sus jefes? ¿Y los responsables políticos que deben coordinarlo todo? Porque si no son capaces de poner a trabajar a quienes dependen de ellos, su sitio no está en el cargo. Tanto la Delegación del Gobierno como la Consejería de Gobernación deberían dar la cara, actuar y, si no saben cómo, dejar paso a quien sí tenga un plan.
Ceuta no puede seguir siendo una ciudad donde las normas existen solo en el papel. Hace falta autoridad, vigilancia y, sobre todo, voluntad política. No es tanto pedir: solo que se cumpla la ley.
