Ceuta Ya! ha vuelto a la carga, esta vez acusando al Gobierno local de insensibilidad y abandono ante el problema de la salud mental. Una cuestión lo suficientemente seria y delicada como para tratarla con rigor, sensatez y altura institucional. Pero, lamentablemente, el partido liderado por Mohamed Mustafa parece más cómodo instalándose en el ruido, la descalificación y el exceso que en el debate constructivo y respetuoso.
Ceuta Ya! ha vuelto a la carga, esta vez acusando al Gobierno local de insensibilidad y abandono ante el problema de la salud mental. Una cuestión lo suficientemente seria y delicada como para tratarla con rigor, sensatez y altura institucional. Pero, lamentablemente, el partido liderado por Mohamed Mustafa parece más cómodo instalándose en el ruido, la descalificación y el exceso que en el debate constructivo y respetuoso.
Porque no es la primera vez que desde Ceuta Ya! se emplean términos y acusaciones que rozan —y a veces traspasan— la frontera del insulto. Ya lo vimos con el concepto de “suelo secuestrado por Defensa”, una forma de hablar que señala con el dedo sin construir puentes. O cuando se calificó como "genocidio" lo sucedido en la valla en mayo de 2021, palabras gruesas que no solo resultan ofensivas para las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, sino que distorsionan gravemente la realidad.
Ahora se tilda de "cinismo repugnante" la actitud del PP, y mientras tanto, el representante de Ceuta Ya! en el Consejo de Administración de RTVCE defiende sin sonrojo a un condenado por acoso sexual. El doble rasero empieza a ser escandaloso, y la coherencia política, una quimera. La crispación no puede ser la base de la acción pública; el insulto sistemático no debería sustituir al argumento.
La salud mental necesita recursos, sí, pero también necesita unidad, responsabilidad y compromiso de todos. Si de verdad preocupa el bienestar de los ceutíes, lo mínimo sería dejar de convertir cada asunto en una batalla personalista o una excusa para señalar enemigos. El respeto a las instituciones empieza por cómo se habla de ellas y desde ellas.
Ceuta se merece representantes a la altura del momento. Que aporten, que critiquen si hace falta, pero que lo hagan sin enredarse en soflamas indignantes ni hipocresías que, al final, solo desprestigian la labor pública. Porque la política no debería ser un altavoz de agravios, sino una herramienta para mejorar la vida de todos. ¿Tan difícil es entenderlo?
