La Sentencia
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Es cierto que las cifras han bajado. En lo que llevamos de 2025, han entrado en Ceuta 592 migrantes, casi la mitad que en el mismo periodo del año anterior. A simple vista, puede parecer un dato positivo, un respiro. Pero basta con rascar un poco para darse cuenta de que el problema de fondo sigue ahí: Ceuta sigue siendo punto de entrada constante y desproporcionado de una presión migratoria que, por mucho que se disimule en los despachos, es insostenible para una ciudad con recursos limitados.

Es cierto que las cifras han bajado. En lo que llevamos de 2025, han entrado en Ceuta 592 migrantes, casi la mitad que en el mismo periodo del año anterior. A simple vista, puede parecer un dato positivo, un respiro. Pero basta con rascar un poco para darse cuenta de que el problema de fondo sigue ahí: Ceuta sigue siendo punto de entrada constante y desproporcionado de una presión migratoria que, por mucho que se disimule en los despachos, es insostenible para una ciudad con recursos limitados.

El hecho de que haya menos entradas no puede convertirse en una excusa para la inacción. Cada semana se producen intentos de entrada, tanto por mar como por tierra, y cada uno de esos intentos moviliza efectivos, recursos y servicios que Ceuta no siempre tiene disponibles. Y lo más grave: se sigue dejando a la ciudad sola, como si este fuera un problema únicamente local, cuando en realidad es una cuestión nacional y europea.

Ceuta no puede ser la válvula de escape de la frontera sur. No es justo para la ciudad ni para quienes llegan, muchas veces engañados o en condiciones extremas. La solidaridad debe empezar por el reconocimiento institucional del problema, no con visitas puntuales ni promesas huecas, sino con recursos reales, medios humanos y una política migratoria clara y eficaz.

No se trata de criminalizar la inmigración, ni mucho menos, sino de asumir que este fenómeno necesita planificación, control y cooperación internacional. Ceuta ha demostrado una y otra vez su capacidad para responder con dignidad. Pero esa respuesta no puede convertirse en rutina ni excusa para el olvido.

Por eso, aunque los números digan que la presión ha bajado, la sensación en la calle es otra. Aquí se sigue viviendo con la mirada puesta en la valla y el mar. Y mientras no se tomen medidas estructurales y se entienda que Ceuta no es solo una frontera, sino una parte fundamental de España y de Europa, el problema seguirá sin resolverse.

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Ceuta, Jueves 06 de Agosto del 2026

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