La desigualdad de género no se jubila. Un reciente informe ha vuelto a poner el dedo en la llaga al evidenciar que las mujeres siguen encontrando más obstáculos que los hombres para acceder a una jubilación anticipada, y en muchos casos, incluso a una pensión digna. El sistema, lejos de ser neutral, arrastra décadas de desventajas acumuladas por las mujeres en el mercado laboral: carreras más cortas, sueldos más bajos, interrupciones por cuidados... todo suma, o más bien resta, cuando llega la hora del retiro.
La desigualdad de género no se jubila. Un reciente informe ha vuelto a poner el dedo en la llaga al evidenciar que las mujeres siguen encontrando más obstáculos que los hombres para acceder a una jubilación anticipada, y en muchos casos, incluso a una pensión digna. El sistema, lejos de ser neutral, arrastra décadas de desventajas acumuladas por las mujeres en el mercado laboral: carreras más cortas, sueldos más bajos, interrupciones por cuidados... todo suma, o más bien resta, cuando llega la hora del retiro.
Este informe no se limita a diagnosticar el problema. Aporta propuestas claras: desde el reconocimiento económico del trabajo de cuidados hasta la flexibilización de los requisitos para jubilarse anticipadamente en los casos de trayectorias laborales especialmente penalizadas. No se trata de pedir privilegios, sino de corregir injusticias estructurales que han afectado durante generaciones a la mitad de la población.
Es curioso cómo muchas veces se aplaude el papel de las mujeres como pilares de las familias y de la sociedad, pero luego ese reconocimiento no se traduce en derechos concretos cuando más falta hacen. Una pensión justa no debería depender del género, pero hoy por hoy, ser mujer sigue siendo un factor de riesgo para envejecer con precariedad.
La igualdad efectiva necesita hechos, no discursos. Si las políticas públicas no incorporan la perspectiva de género en cuestiones tan básicas como la jubilación, seguiremos perpetuando un modelo que castiga a quien más ha aportado en silencio. Porque cuidar también es trabajar, aunque no cotice.
En definitiva, toca ajustar las cuentas, pero no solo las de la Seguridad Social: también las de la justicia social. La jubilación debe ser un derecho en igualdad, no un privilegio reservado solo a quienes han podido recorrer el camino sin tantas barreras.
