La imagen de La Charca no sorprende ya a nadie en Ceuta. Maleza descontrolada, suciedad acumulada y rincones convertidos en auténticos focos de insalubridad forman parte del paisaje habitual de demasiadas barriadas. Lo preocupante no es solo la denuncia del MDyC, sino que cualquier vecino podría hacer la misma fotografía en media ciudad sin necesidad de moverse mucho.
La imagen de La Charca no sorprende ya a nadie en Ceuta. Maleza descontrolada, suciedad acumulada y rincones convertidos en auténticos focos de insalubridad forman parte del paisaje habitual de demasiadas barriadas. Lo preocupante no es solo la denuncia del MDyC, sino que cualquier vecino podría hacer la misma fotografía en media ciudad sin necesidad de moverse mucho.
La sensación de abandono es evidente. Se prometen planes de choque, campañas intensivas y soluciones urgentes, pero la realidad diaria sigue siendo muy distinta. Ceuta continúa ofreciendo una imagen impropia de una ciudad que presume de modernidad mientras convive con solares abandonados, vertidos y zonas verdes convertidas en selvas urbanas.
La Consejería de Medio Ambiente se ha convertido probablemente en la más cuestionada del Ejecutivo local. Y no es casualidad. Cuando los problemas se repiten barrio tras barrio, durante meses e incluso años, ya no se puede hablar de incidencias puntuales, sino de una gestión claramente insuficiente. El ciudadano paga impuestos para vivir en una ciudad limpia y cuidada, no para acostumbrarse a convivir con ratas, insectos y suciedad.
El Gobierno de Juan Vivas lleva demasiado tiempo reaccionando tarde. Y el problema de limpiar cuando aparece una denuncia es que da la sensación de que solo se actúa cuando alguien levanta la voz públicamente. Mientras tanto, Ceuta sigue acumulando rincones olvidados y vecinos cansados de escuchar siempre las mismas promesas.
