Felipe VI ha dicho este martes en Ceuta lo que muchos ceutíes llevaban esperando escuchar desde aquel fatídico 30 de julio. Lo ha dicho alto y claro, delante de todos y sin esconderse detrás de discursos vacíos. Quienes entraron irregularmente en nuestro país deben regresar cuanto antes a sus lugares de origen, como regla general y conforme a la ley. Y Ceuta y Melilla son España, por mucho que a algunos les moleste escucharlo. Nuestra soberanía no se discute ni se negocia. Así de sencillo. Por eso hoy hay que aplaudir al Rey, porque ha sabido estar donde tenía que estar y decir lo que tenía que decir, precisamente en una ciudad que lleva más de dos meses esperando que alguien ponga las cosas en su sitio.
Felipe VI ha dicho este martes en Ceuta lo que muchos ceutíes llevaban esperando escuchar desde aquel fatídico 30 de julio. Lo ha dicho alto y claro, delante de todos y sin esconderse detrás de discursos vacíos. Quienes entraron irregularmente en nuestro país deben regresar cuanto antes a sus lugares de origen, como regla general y conforme a la ley. Y Ceuta y Melilla son España, por mucho que a algunos les moleste escucharlo. Nuestra soberanía no se discute ni se negocia. Así de sencillo. Por eso hoy hay que aplaudir al Rey, porque ha sabido estar donde tenía que estar y decir lo que tenía que decir, precisamente en una ciudad que lleva más de dos meses esperando que alguien ponga las cosas en su sitio.
Y qué bien le vendría a Mohamed VI escuchar detenidamente el discurso de Felipe VI. Porque el monarca español le ha dado una buena guantada sin manos, con toda la educación del mundo, pero dejando muy claro que España no está dispuesta a que se juegue con su soberanía. Ya está bien de tanta provocación, de tanta presión sobre nuestras fronteras y de utilizar a miles de personas como instrumento para conseguir objetivos políticos. El rey de Marruecos debería dedicar más esfuerzos a solucionar los problemas de su país y a mejorar las condiciones de vida de sus ciudadanos. Bastante tiene con lo suyo como para seguir creando problemas al otro lado de la frontera. Si quiere buenas relaciones con España, que empiece por demostrarlo con hechos y no solamente con palabras.
Tampoco se han librado los responsables políticos españoles, y hacen bien en darse por aludidos. Cuando el Rey pide que las instituciones estén "sin fisuras, sin ambages ni medias tintas, a la altura de la ciudadanía", está recordando algo que parece haberse olvidado en algunos despachos de Madrid. Ceuta lleva 75 días soportando las consecuencias de una crisis migratoria sin precedentes, con miles de personas que siguen en nuestra ciudad y con unos ciudadanos que quieren recuperar la tranquilidad que tenían antes del 30 de julio. No necesitamos más promesas, ni visitas para hacerse la fotografía, ni declaraciones que después se lleva el viento. Necesitamos decisiones, soluciones y un Gobierno que actúe de una vez con la contundencia que permite la ley.
Y conviene quedarse también con otra parte del discurso. Felipe VI ha pedido que los migrantes sean tratados con dignidad y humanidad mientras permanezcan en nuestro territorio. Por supuesto que sí. Nadie debería discutir eso. Pero respetar a las personas no significa que las leyes dejen de cumplirse, ni que quienes no tengan derecho a permanecer en España puedan hacerlo indefinidamente. Hay procedimientos, garantías y obligaciones que deben respetarse, pero también mecanismos legales para llevar a cabo los retornos. Y lo que los ceutíes reclaman es que esos mecanismos funcionen, que se agilicen y que esta situación no termine convirtiéndose en algo permanente.
El Rey ha estado este martes a la altura de Ceuta y de los ceutíes. Ha venido, ha escuchado, ha sentido el cariño de una ciudad que se ha echado a la calle para recibirlo y se ha marchado dejando un mensaje que debería resonar tanto en Madrid como en Rabat. A Mohamed VI le ha recordado, con la diplomacia que exige su cargo, que con la soberanía española no se juega. Y al Gobierno de España le ha señalado el camino que debe seguir para devolver la normalidad a nuestra ciudad. Ahora falta que unos y otros tomen buena nota. Porque los ceutíes ya estamos cansados de esperar. Ceuta es España, y eso no admite discusión alguna.