La Sentencia
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Qué rápido cambia todo. Miguel Ángel Pérez Triano anuncia su marcha y, apenas unas horas después, Sebastián Guerrero descubre que Ceuta entra en una “nueva etapa”, que hay que mirar hacia delante y que el próximo delegado encontrará en el Grupo Socialista un “aliado leal desde el primer día”. Resulta inevitable preguntarse dónde estaba toda esa lealtad mientras Pérez Triano soportaba el desgaste político de una crisis que desbordaba ampliamente las competencias de un delegado del Gobierno. Porque ahora parece muy fácil cerrar la puerta, sonreír y empezar de cero.

Qué rápido cambia todo. Miguel Ángel Pérez Triano anuncia su marcha y, apenas unas horas después, Sebastián Guerrero descubre que Ceuta entra en una “nueva etapa”, que hay que mirar hacia delante y que el próximo delegado encontrará en el Grupo Socialista un “aliado leal desde el primer día”. Resulta inevitable preguntarse dónde estaba toda esa lealtad mientras Pérez Triano soportaba el desgaste político de una crisis que desbordaba ampliamente las competencias de un delegado del Gobierno. Porque ahora parece muy fácil cerrar la puerta, sonreír y empezar de cero.

Pérez Triano se marcha afirmando que alertó al Gobierno semanas antes de la entrada masiva y denunciando haber soportado una presión “injusta”, insultos y una campaña de desprestigio. También ha recordado algo esencial: muchas de las decisiones que se le reclamaban no dependían de la Delegación del Gobierno. Por eso resulta demasiado cómodo cargar sobre un dirigente territorial el peso de una crisis cuya gestión implica directamente al Gobierno de España y a ministerios como Interior. Cambiar al delegado no cambia quién dirige el Ejecutivo ni quién tiene las principales competencias estatales.

Y aquí es donde las palabras de Guerrero chirrían. Si el problema era la gestión de la crisis, Pedro Sánchez continúa en La Moncloa y Fernando Grande-Marlaska continúa al frente de Interior. Sin embargo, el portavoz socialista recibe la marcha de Pérez Triano hablando de ilusión, renovación y una etapa nueva. ¿Qué ha cambiado entonces en la política del Gobierno hacia Ceuta? Esa es la pregunta que merece una respuesta antes de vender a los ceutíes un nuevo comienzo simplemente porque cambia el nombre escrito en la puerta de la Delegación.

La política tiene demasiado de oportunismo cuando algunos esperan a que alguien caiga para presentarse inmediatamente como los arquitectos del futuro. Y el PSOE de Ceuta debería hacer un ejercicio mucho más profundo que sustituir nombres y proclamar unidad. Si durante estas semanas existieron errores, descoordinación o falta de medios, habrá que aclarar qué correspondía a Ceuta y qué correspondía a Madrid. Pérez Triano tendrá que responder por sus propias decisiones, naturalmente, pero Sánchez, Marlaska y el resto de responsables estatales también por las suyas.

Ahora todos quieren mirar hacia delante. Es comprensible. Pero mirar hacia delante no puede significar borrar lo ocurrido detrás. Mucho menos utilizar la salida de Pérez Triano como punto y final de las responsabilidades políticas por la crisis. Si el PSOE ceutí quiere demostrar que está “a la altura”, como proclama Guerrero, tendrá una magnífica oportunidad: exigir a Madrid con el próximo delegado exactamente lo mismo que exigía con el anterior. Porque de lo contrario no estaremos ante una nueva etapa, sino simplemente ante los mismos de siempre buscando una silla distinta cuando todavía no se ha explicado qué falló.

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Ceuta, Martes 29 de Septiembre del 2026

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