Después de años mirando al cielo con recelo, esta semana la lluvia nos ha dado una tregua —y algo más—. Las precipitaciones han disparado la reserva hídrica española en más de 5.600 hectómetros cúbicos en solo siete días, superando por segunda semana consecutiva el récord de agua embalsada de las últimas tres décadas. Hoy los embalses están al 77,3 % de su capacidad, una cifra que invita al alivio y, por qué no decirlo, a un cierto optimismo colectivo.
Después de años mirando al cielo con recelo, esta semana la lluvia nos ha dado una tregua —y algo más—. Las precipitaciones han disparado la reserva hídrica española en más de 5.600 hectómetros cúbicos en solo siete días, superando por segunda semana consecutiva el récord de agua embalsada de las últimas tres décadas. Hoy los embalses están al 77,3 % de su capacidad, una cifra que invita al alivio y, por qué no decirlo, a un cierto optimismo colectivo.
Ha llovido casi en todas partes y con ganas. Desde Ceuta, donde se recogieron más de 300 litros por metro cuadrado, hasta el interior peninsular, el agua ha entrado con fuerza en cuencas clave como el Guadalquivir, el Guadiana o el Duero. Algunas han subido más de un 15 % en solo una semana, algo poco habitual y muy revelador del impacto de este episodio de lluvias.
El mapa hídrico, además, deja una imagen poco frecuente: prácticamente todas las cuencas por encima del 57 % y varias rozando o superando el 90 %. Solo el Segura sigue descolgado, aún por debajo del 40 %, recordándonos que la abundancia no es uniforme y que los desequilibrios territoriales siguen ahí, incluso en los buenos momentos.
También es significativo que tengamos hoy más de 10.000 hectómetros cúbicos más que hace un año y más de 13.000 por encima de la media de la última década. No es un detalle menor. Es una llamada de atención: cuando el agua llega, hay que gestionarla bien, sin derroches ni triunfalismos.
Porque sí, es una buena noticia. Pero no debería servir para bajar la guardia. El cambio climático no se ha ido a ninguna parte y los ciclos extremos —sequías largas y lluvias intensas— han venido para quedarse. Celebrar que los embalses se llenan es lógico; aprender de ello y planificar mejor, imprescindible.
