Hay personas que, sin buscarlo, dejan una huella que ni el tiempo ni la distancia pueden borrar. Este domingo, en el estadio Alfonso Murube, el fútbol se detuvo por algo mucho más grande que el marcador: se detuvo por la vida. Mientras la pelota rodaba entre la AD Ceuta y la UD Almería, el corazón de Manuel Carreto, “Manolo” para todos, se apagó en las gradas que tantas veces lo vieron vibrar.
Hay personas que, sin buscarlo, dejan una huella que ni el tiempo ni la distancia pueden borrar. Este domingo, en el estadio Alfonso Murube, el fútbol se detuvo por algo mucho más grande que el marcador: se detuvo por la vida. Mientras la pelota rodaba entre la AD Ceuta y la UD Almería, el corazón de Manuel Carreto, “Manolo” para todos, se apagó en las gradas que tantas veces lo vieron vibrar.
Manolo no era solo un aficionado más. Era un pedazo del alma de Ceuta. Comisario de la Policía Portuaria, guardián incansable de su Puerto —ese mismo lugar donde nació, creció, trabajó y formó a su familia—, vivió siempre con un amor sincero por su tierra y por su gente. Era de esos hombres que, con una sonrisa y una palabra amable, hacían que uno se sintiera en casa.
Cuando la noticia corrió por el estadio, la emoción dio paso al silencio. Los jugadores, el público, todos sabían que algo importante se nos iba. Pero fue el Frente Caballa quien, con la voz quebrada pero firme, pidió cantar una de sus canciones. Y en ese coro espontáneo, entre lágrimas y respeto, Ceuta entera le rindió homenaje a su vecino, a su amigo, a su Manolo.
Hoy el Puerto está un poco más vacío, pero también más cuidado. Porque si algo sabemos es que Manolo seguirá ahí, vigilando desde arriba las aguas que tanto amó, cuidando de los suyos con la misma entrega de siempre. Gracias por tanto, amigo. Cuida de nuestra gente ahí arriba, como siempre hiciste aquí abajo.
