La Autopista Nacional
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UNA VERGÜENZA.

UNA VERGÜENZA.

Así se puede resumir el gasto de 8,4 millones de euros en viajes nacionales de diputados en apenas la mitad de la legislatura. Mientras muchos ciudadanos apretamos el cinturón y nos preocupamos por cada euro que gastamos en transporte o alojamiento, nuestros representantes parecen manejar los recursos públicos como si fueran suyos, sin mirar a la realidad que viven sus votantes.

Que se trate de viajes “oficiales” no suaviza la impresión. El ciudadano medio no necesita lujo ni desplazamientos innecesarios, y menos cuando los sueldos de la mayoría de los españoles no permiten este tipo de despilfarro. La política debería acercarse a la gente, no crear un espectáculo de gasto que provoca indignación y desconfianza.

Más allá de la cifra, el problema es de fondo: la desconexión entre quienes deciden y quienes pagan. Cada euro gastado en viajes innecesarios es un euro que no se invierte en servicios públicos, sanidad, educación o infraestructuras que realmente mejoran la vida de todos. La falta de control y transparencia alimenta la sensación de que la política es un mundo aparte, donde las reglas del ciudadano común no aplican.

Exigir responsabilidad no es ideología, es sentido común. La sociedad merece que los diputados rindan cuentas de sus desplazamientos, que prioricen lo necesario y que demuestren que representan a quienes los votaron, y no sus propios intereses. Los números no mienten: 8,4 millones en viajes nacionales a mitad de legislatura es, simple y llanamente, un lujo que nadie debería permitir.

Si queremos recuperar la credibilidad de nuestras instituciones, debemos empezar por castigar el despilfarro y premiar la transparencia. De lo contrario, cada viaje innecesario será un recordatorio de que, en política, algunos parecen vivir en otra realidad mientras el resto seguimos contando monedas.

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Ceuta, Miercoles 29 de Julio del 2026

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