Ni el CIS de Tezanos ha podido disimularlo: el PSOE se sostiene como primera fuerza por apenas medio punto sobre el PP, incluso después del escándalo que ha salpicado a su mano derecha, Santos Cerdán. Cuando hasta un barómetro tan cuestionado por su falta de rigor reconoce esa mínima diferencia, la realidad es evidente: el PSOE está cayendo en picado y ya ha sido superado con creces por el PP en la calle, en las urnas y en la confianza de los ciudadanos.
Ni el CIS de Tezanos ha podido disimularlo: el PSOE se sostiene como primera fuerza por apenas medio punto sobre el PP, incluso después del escándalo que ha salpicado a su mano derecha, Santos Cerdán. Cuando hasta un barómetro tan cuestionado por su falta de rigor reconoce esa mínima diferencia, la realidad es evidente: el PSOE está cayendo en picado y ya ha sido superado con creces por el PP en la calle, en las urnas y en la confianza de los ciudadanos.
El problema no es solo la manipulación del CIS, ya habitual y asumida como parte del paisaje político, sino que el Gobierno pretende seguir actuando como si nada pasara. La corrupción, los escándalos, el descrédito de sus socios y el hartazgo social son señales que cualquier presidente responsable sabría leer. Pero Pedro Sánchez sigue encerrado en su burbuja de poder, resistiendo, aferrado a la Moncloa como si el país le perteneciera.
Los españoles merecen algo mejor que este simulacro de estabilidad, sostenido a base de encuestas cocinadas y pactos oscuros. El caso Cerdán no es una anécdota, es un síntoma más de un Gobierno agotado, rodeado por la sospecha y sin rumbo claro. Si el CIS ya no puede ocultar el desgaste, ¿cuánto más se necesita para que se convoquen elecciones de una vez?
La estrategia de Sánchez parece clara: estirar la legislatura a cualquier precio, aunque eso suponga más descrédito institucional, más polarización y más desgaste de la democracia. Pero la paciencia ciudadana tiene un límite. Los intentos de maquillar la realidad con encuestas manipuladas solo subrayan el problema de fondo: la desconexión del Gobierno con la realidad.
España no necesita más encuestas amañadas. Necesita urnas. Necesita que los ciudadanos hablen de verdad, sin maquillajes ni trampas. Y cuanto antes lo entienda Sánchez, mejor para todos.