El reciente anuncio del Gobierno de España, celebrando la retirada de la cuestión de confianza por parte de Junts a Pedro Sánchez, deja en evidencia la lamentable estrategia política que el Ejecutivo ha adoptado para mantenerse en el poder. Mientras Sánchez y su equipo se felicitan de haber "dialogado hasta la extenuación", los españoles vemos cómo, una vez más, se cede ante las exigencias de los independentistas a cambio de apoyo. La política de "todo vale por un voto" parece más viva que nunca, y a costa de la unidad de España, el presidente sigue aferrándose al sillón.
El reciente anuncio del Gobierno de España, celebrando la retirada de la cuestión de confianza por parte de Junts a Pedro Sánchez, deja en evidencia la lamentable estrategia política que el Ejecutivo ha adoptado para mantenerse en el poder. Mientras Sánchez y su equipo se felicitan de haber "dialogado hasta la extenuación", los españoles vemos cómo, una vez más, se cede ante las exigencias de los independentistas a cambio de apoyo. La política de "todo vale por un voto" parece más viva que nunca, y a costa de la unidad de España, el presidente sigue aferrándose al sillón.
Lo peor de todo es el acuerdo alcanzado con Oriol Junqueras, quien ha anunciado que el Gobierno condonará un 22% de la deuda del FLA, lo que equivale a unos 17.000 millones de euros. Esta condonación no es más que una rendición ante las demandas de los independentistas, quienes han encontrado en la debilidad del Gobierno una oportunidad para seguir extendiendo sus privilegios. Y todo, claro está, a costa de los contribuyentes, que ven cómo se destina dinero público para apaciguar a los que no dudan en socavar la estabilidad del país.
No se trata de un acto de generosidad ni de un gesto hacia el diálogo. Es una clara muestra de cómo el Ejecutivo está dispuesto a hacer lo que sea necesario para mantenerse en el poder, sin importar las consecuencias para el resto de los ciudadanos. Los 17.000 millones perdonados no son más que un ejemplo más de una política de pactos oscuros que favorece a aquellos que buscan romper la unidad de España a cambio de votos. En este caso, el Gobierno ha renunciado a principios fundamentales para asegurar su permanencia en La Moncloa.
La verdad es que este tipo de decisiones son una auténtica vergüenza. No solo porque los independentistas obtienen lo que quieren, sino porque todo se hace a espaldas de los intereses de la mayoría de los españoles, que siguen viendo cómo se diluye la cohesión nacional en aras de un poder que, al final, no les sirve más que para perpetuarse. El costo de esta política de pactos de conveniencia es demasiado alto, y el precio lo estamos pagando todos.
El Gobierno parece estar dispuesto a todo para seguir en el poder, pero a costa de lo que más importa: la unidad de España y el respeto por la voluntad de sus ciudadanos. Si el precio de la permanencia de Sánchez en el sillón es este tipo de acuerdos con los independentistas, el coste es simplemente inaceptable. Una vergüenza para todos.