La Autopista Nacional
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El colmo de lo increíble lo estamos viendo estos días con el PSOE y su manera de interpretar la realidad. Resulta que, para ellos, los sobres de Ábalos no son más que un "justificante de gastos ajustado al céntimo". Nada de corrupción, nada turbio, nada que merezca un reproche. Simplemente, una especie de contabilidad doméstica digna de aplaudir. Y uno se pregunta: ¿de verdad creen que la gente es tan ingenua?

El colmo de lo increíble lo estamos viendo estos días con el PSOE y su manera de interpretar la realidad. Resulta que, para ellos, los sobres de Ábalos no son más que un "justificante de gastos ajustado al céntimo". Nada de corrupción, nada turbio, nada que merezca un reproche. Simplemente, una especie de contabilidad doméstica digna de aplaudir. Y uno se pregunta: ¿de verdad creen que la gente es tan ingenua?

El problema es que este Gobierno lleva tiempo instalado en el arte de justificar lo injustificable. Todo lo que en otro momento habría escandalizado hasta a sus propios militantes, ahora se envuelve en excusas técnicas o en retóricas que insultan la inteligencia. Lo que para cualquier ciudadano es sospechoso, para el PSOE se convierte en un ejemplo de transparencia. Y así vamos, con la corrupción convertida en un malabarismo verbal.

La cuestión no es solo lo que ocurrió con esos sobres, sino lo que significa que un partido en el poder trate de normalizarlo. La corrupción no es solo un sobre lleno de dinero; también es la manipulación del relato para que parezca que nada pasa, que todo está en orden y que quienes critican exageran. Esa, quizá, es la corrupción más peligrosa: la que se disfraza de normalidad.

España no se merece un Gobierno que le tome el pelo de esta forma. No se trata de banderas ni de ideologías, sino de respeto básico a la ciudadanía. Y lo cierto es que cada día que pasa, la paciencia social se agota un poco más. Porque una cosa es tener fallos —que los tienen todos los partidos— y otra muy distinta es reírse en la cara de los votantes.

Quizá algún día se den cuenta de que la transparencia no se proclama, se practica. Pero mientras tanto, el espectáculo continúa, con un PSOE más preocupado por salvar la cara de sus dirigentes que por gobernar con dignidad. Y la pregunta que late en el aire es sencilla: ¿hasta cuándo vamos a aguantar esta tomadura de pelo?

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Ceuta, Miercoles 29 de Julio del 2026

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