Hay declaraciones que pasan de puntillas y otras que hacen ruido aunque se intenten silenciar. Lo que ha dicho Ábalos desde la cárcel pertenece claramente a la segunda categoría. Acusar a “líderes autoritarios” en un “estado de derecho degradado” no es cosa menor, y menos cuando proviene de alguien que estuvo en el corazón del poder. Le quieran creer o no, lo que dijo deja un temblor político difícil de ignorar.
Hay declaraciones que pasan de puntillas y otras que hacen ruido aunque se intenten silenciar. Lo que ha dicho Ábalos desde la cárcel pertenece claramente a la segunda categoría. Acusar a “líderes autoritarios” en un “estado de derecho degradado” no es cosa menor, y menos cuando proviene de alguien que estuvo en el corazón del poder. Le quieran creer o no, lo que dijo deja un temblor político difícil de ignorar.
El mensaje implícito es aún más potente: “No me van a callar”. Y claro, con esa frase, más de uno en La Moncloa habrá levantado la ceja. Si Ábalos habla —habla de verdad, no en titulares sueltos— podría abrir una grieta incómoda para Sánchez, el Gobierno y el PSOE. No porque uno deba dar por ciertas sus palabras sin pruebas, sino porque conoce demasiado bien las tripas del partido y del Ejecutivo.
La cuestión es si realmente romperá ese silencio que muchos suponen obligado. Por ahora, sus palabras suenan a aviso. A uno grande. Y en política, los avisos no siempre son fuegos artificiales: a veces son el preludio de una tormenta que nadie quiere que llegue.
Sería sano para el país que todo lo que tenga que decir lo diga, sin medias tintas y sin usarlo como herramienta personal. Si tiene algo relevante que destapar, que lo destape. Si no, que no juegue con insinuaciones que solo alimentan el ruido. Pero esconder lo que sabe —si es que hay algo— no beneficia a nadie.
Así que sí, que tiemble quien tenga que temblar. No por miedo, sino por responsabilidad. Porque cuando alguien que estuvo dentro asegura que no lo van a callar, lo mínimo que merece la ciudadanía es claridad. Y si hay máscaras, que caigan. Y si no las hay, que lo sepamos igual.