La Autopista Nacional
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Pedro Sánchez lleva demasiado tiempo confundiendo resistencia con Gobierno. Una cosa es sobrevivir políticamente y otra muy distinta gobernar un país con una mayoría capaz de respaldar tus decisiones. La caída de los decretos de vivienda vuelve a dejar al descubierto una realidad incómoda: el Ejecutivo lleva cada votación importante al límite, pendiente de socios que hoy le sostienen y mañana le dan la espalda. Esta vez PP, Vox, Junts y UPN han dicho no y el Gobierno se ha quedado sin los votos necesarios.

Pedro Sánchez lleva demasiado tiempo confundiendo resistencia con Gobierno. Una cosa es sobrevivir políticamente y otra muy distinta gobernar un país con una mayoría capaz de respaldar tus decisiones. La caída de los decretos de vivienda vuelve a dejar al descubierto una realidad incómoda: el Ejecutivo lleva cada votación importante al límite, pendiente de socios que hoy le sostienen y mañana le dan la espalda. Esta vez PP, Vox, Junts y UPN han dicho no y el Gobierno se ha quedado sin los votos necesarios.

Y cuando faltan votos aparecen los reproches. Sánchez había advertido a PP, Vox y Junts de que su posición les retrataría ante “generaciones enteras”, mientras desde el Gobierno se presionaba hasta el último momento para conseguir, al menos, la abstención de Junts. Pero gobernar no consiste en señalar al que vota en contra cuando las cuentas no salen. Consiste precisamente en conseguir que salgan. Si quien llegó a La Moncloa construyendo una mayoría parlamentaria ya no consigue mantenerla unida, quizá el problema no esté siempre enfrente.

Porque esta legislatura se ha convertido en una interminable carrera de obstáculos. Cada votación parece una subasta política, cada decreto necesita una negociación agónica y cada socio recuerda al Gobierno cuánto depende de sus escaños. Junts incluso ha presentado ahora su propio texto alternativo sobre vivienda, dejando claro hasta qué punto el Ejecutivo ya no controla siquiera a quienes resultaron decisivos para hacer posible la investidura. Sánchez puede seguir intentando cuadrar el círculo, pero llega un momento en que la aritmética parlamentaria deja de ser geometría variable y empieza a parecer simplemente ausencia de mayoría.

La pregunta es cuánto más pretende estirar esta situación. Porque gobernar no debería consistir en resistir un jueves más, salvar el siguiente pleno y esperar que el próximo socio tenga un precio asumible. España necesita un Gobierno capaz de aprobar sus políticas y un Parlamento en el que exista una mayoría suficiente para hacerlo. Cuando esa capacidad desaparece de manera reiterada, mirar hacia otro lado no fortalece una legislatura: únicamente prolonga su agonía.

Sánchez ha toreado muchas veces en plazas imposibles y ha salido vivo de situaciones que parecían sentenciarlo. Nadie debería darlo políticamente por acabado antes de tiempo. Pero ahora el callejón se estrecha, los socios se rebelan y los votos ya no obedecen. Puede volver a intentar otra pirueta, otro acuerdo de madrugada o una nueva cesión que compre unas semanas. O puede mirar de una vez a los ciudadanos y dejar que sean las urnas las que hablen. Porque llega un momento en que ya no se trata de saber torear. Se trata de reconocer cuándo se ha terminado la faena.

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Ceuta, Domingo 04 de Octubre del 2026

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