La Autopista Nacional
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Pedro Sánchez ha asegurado en el Congreso que aumentará el gasto en Defensa sin tocar el gasto social. Suena bien, pero viniendo de él, ¿quién se lo cree? Su historial está lleno de promesas que se evaporan cuando cambian las circunstancias o cuando la aritmética parlamentaria le obliga a pactar con quien sea, diga lo que diga hoy.

Pedro Sánchez ha asegurado en el Congreso que aumentará el gasto en Defensa sin tocar el gasto social. Suena bien, pero viniendo de él, ¿quién se lo cree? Su historial está lleno de promesas que se evaporan cuando cambian las circunstancias o cuando la aritmética parlamentaria le obliga a pactar con quien sea, diga lo que diga hoy.

El presidente del Gobierno ha hecho de la contradicción su sello personal. Lo mismo decía que jamás pactaría con Podemos, que luego los hicieron ministros. Que nunca indultaría a los golpistas, y los indultó. Que no negociaría con Bildu, y ahora los tiene como socios de confianza. Por eso, cuando asegura que el gasto social no se verá afectado por la subida en Defensa, lo más sensato es dudar.

La realidad es que sus palabras no valen nada. Dice lo que interesa en el momento, lo que le conviene para salir del paso, y después hace lo que le viene en gana. No hay coherencia, no hay principios, solo un ansia de mantenerse en el poder a toda costa. España necesita un presidente que inspire confianza, no alguien que juegue con la verdad como si fuera plastilina.

Sánchez ya no está capacitado para asegurar nada. Su credibilidad está por los suelos y su palabra pesa menos que un folio en blanco. Si de verdad le queda algo de dignidad, debería hacer lo que muchos españoles piden desde hace tiempo: marcharse de una vez.

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Ceuta, Miercoles 29 de Julio del 2026

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