La Autopista Nacional
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Al final, por mucho que se intente retorcer el lenguaje, los documentos terminan hablando. Margarita Robles sostuvo desde el principio que el CNI había trabajado, había detectado movimientos preocupantes y había compartido información antes de la entrada masiva en Ceuta. Fernando Grande-Marlaska aseguró, en cambio, que no existió ningún informe que permitiera atisbar lo que iba a suceder. Pedro Sánchez también rebajó posteriormente el alcance de aquellos avisos. La documentación desclasificada confirmó que sí hubo comunicaciones previas del CNI, aunque el propio servicio de inteligencia reconoció que no anticipó la magnitud final de lo ocurrido.

Al final, por mucho que se intente retorcer el lenguaje, los documentos terminan hablando. Margarita Robles sostuvo desde el principio que el CNI había trabajado, había detectado movimientos preocupantes y había compartido información antes de la entrada masiva en Ceuta. Fernando Grande-Marlaska aseguró, en cambio, que no existió ningún informe que permitiera atisbar lo que iba a suceder. Pedro Sánchez también rebajó posteriormente el alcance de aquellos avisos. La documentación desclasificada confirmó que sí hubo comunicaciones previas del CNI, aunque el propio servicio de inteligencia reconoció que no anticipó la magnitud final de lo ocurrido.

Y esa diferencia es fundamental. Nadie está diciendo que el CNI tuviera una bola de cristal capaz de calcular cuántas personas terminarían entrando en Ceuta. Lo verdaderamente relevante es que existieron advertencias sobre movimientos y convocatorias para intentar cruzar la frontera. Incluso la central del CNI en Madrid instó a su responsable en Ceuta a trasladar información a la Delegación del Gobierno. Por tanto, el debate ya no debería centrarse únicamente en si hubo aviso, sino en qué se hizo con la información disponible.

La declaración de Gonzalo Sanz ante la Audiencia Nacional añade todavía más interrogantes. El exjefe de gabinete de la Delegación ha asegurado que trasladó al entonces delegado la advertencia del CNI y que existieron comunicaciones previas reclamando medidas ante una situación que consideraban extraordinaria. Según las informaciones publicadas este jueves, Sanz también ha señalado que todavía existen mensajes relacionados con aquellas comunicaciones que no han sido desclasificados.

Por eso resulta difícil sostener ahora aquel relato rotundo de que nadie había avisado. Robles fue mucho más precisa al defender públicamente que el CNI había hecho su trabajo y había compartido información. Los documentos conocidos posteriormente respaldalan esa parte esencial de su versión, aunque no prueban que el Gobierno conociera de antemano las dimensiones exactas que alcanzaría la entrada. Esa distinción importa si queremos conocer la verdad y no simplemente escoger el relato que más convenga.

Ceuta merece saber qué ocurrió entre el primer aviso y las imágenes que terminaron dando la vuelta al mundo. Quién recibió cada información, cuándo la recibió, qué valoración hizo y por qué no se adoptaron otras medidas. Después de semanas de versiones enfrentadas, la cuestión ya no consiste en proteger a Robles, Marlaska o Sánchez. Consiste en proteger algo bastante más importante: el derecho de los ciudadanos a conocer toda la verdad sobre cómo respondió el Estado ante una crisis de semejante dimensión.

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Ceuta, Viernes 02 de Octubre del 2026

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