El nombre de Rayco García vuelve a sonar, y no precisamente por buenas razones. Este personaje, con antecedentes como comisionista en Arabia Saudita, ahora aparece vinculado a Marruecos en la supuesta compra del CD Tenerife.
El nombre de Rayco García vuelve a sonar, y no precisamente por buenas razones. Este personaje, con antecedentes como comisionista en Arabia Saudita, ahora aparece vinculado a Marruecos en la supuesta compra del CD Tenerife.
Una operación que, lejos de ser un simple movimiento en el fútbol, esconde un trasfondo inquietante: la creciente injerencia marroquí en las Islas Canarias. Marruecos no se conforma con sus provocaciones habituales en Ceuta y Melilla, ahora también pretende marcar territorio en el deporte español.
La estrategia marroquí no es nueva. Llevan años moviendo fichas en sectores clave de España, intentando ganar influencia de una forma u otra. ¿Por qué querría Marruecos meter las manos en un club de fútbol canario? Fácil: es una vía más para expandir su control e ir normalizando su presencia en un territorio que muchos de sus dirigentes han insinuado como parte de su “espacio natural”. Y en medio de todo esto, aparece Rayco García, un personaje que, por su historial, no genera precisamente confianza.
Lo más preocupante es la pasividad con la que algunos miran esta situación. En lugar de levantar la voz y poner límites a estas maniobras, parece que se deja hacer. Marruecos juega su partida con paciencia y sin disimulo, y España sigue sin plantar cara. Ya lo hemos visto en Ceuta, en Melilla y ahora en Canarias. ¿Hasta cuándo se va a tolerar esta intromisión descartada?
El fútbol es un negocio, pero también es identidad, cultura y sentimiento de pertenencia. Permitir que Marruecos meta la cuchara en un club histórico como el CD Tenerife sería un error garrafal. No es solo una cuestión deportiva, sino de dignidad y soberanía. Y personajes como Rayco García, siempre listos para sacar tajada, son solo peones en un juego que España no debería aceptar.