El Boletín Oficial del Estado (BOE) acaba de confirmar que el próximo 9 de diciembre no será festivo en Ceuta, una decisión que ha generado sorpresa e indignación en buena parte de la ciudadanía. La decisión contrasta con Melilla, donde mantiene el día festivo, trasladándolo al lunes. ¿Por qué ellos sí pueden y nosotros no?
El Boletín Oficial del Estado (BOE) acaba de confirmar que el próximo 9 de diciembre no será festivo en Ceuta, una decisión que ha generado sorpresa e indignación en buena parte de la ciudadanía. La decisión contrasta con Melilla, donde mantiene el día festivo, trasladándolo al lunes. ¿Por qué ellos sí pueden y nosotros no?
Ceuta, como parte de España, se define como un Estado aconfesional, pero esa aconfesionalidad no debe interpretarse como un desprecio a las tradiciones católicas que forman parte de nuestra identidad cultural. En este contexto, la festividad de la Inmaculada Concepción, que justifica el festivo del 9 de diciembre, es una de esas raíces históricas que no deberían tocarse tan a la ligera. Renunciar a ella parece más una medida apresurada que una decisión pensada en beneficio de la mayoría.
La comparativa con Melilla pone aún más de manifiesto lo arbitrario de este cambio. Allí, entendiendo el peso de las tradiciones, se han limitado a mover la fecha al lunes para no perder el día festivo. ¿Por qué en Ceuta no se ha optado por esta solución, que contentaría a todos? Parece que nos estamos convirtiendo en una ciudad dispuesta a ceder ante cualquier presión externa, incluso a costa de lo que somos y lo que representamos.
Las tradiciones no son enemigas de la convivencia; al contrario, son la base que refuerza el respeto mutuo. Es preocupante que las decisiones relacionadas con el calendario laboral parezcan priorizar una agenda que ignora ese equilibrio. Y mientras tanto, el ciudadano ceutí se queda con la sensación de que se le quita algo que otros sí conservan.
Es hora de que nuestros representantes reflexionen. Si Melilla ha encontrado una solución, Ceuta debería haber hecho lo mismo. No se trata de elegir entre culturas, sino de preservar aquello que, como ciudad española, nos define sin excluir a nadie.