La Autopista Nacional
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El abandono de Elizabeth Duval de Sumar y su renuncia a la dirección son el reflejo de una crisis política que no deja de profundizarse. Duval ha comprobado en carne propia las limitaciones de la “política partidista” y, ante la fractura interna de Sumar, ha decidido dar un paso atrás. No es para menos: Sumar, que prometía ser una alternativa progresista, está más cerca de hundirse que de consolidarse. Las luchas internas, los egos desbordados y las incoherencias en sus propuestas dejan claro que la coalición no está para tirar cohetes.

El abandono de Elizabeth Duval de Sumar y su renuncia a la dirección son el reflejo de una crisis política que no deja de profundizarse. Duval ha comprobado en carne propia las limitaciones de la “política partidista” y, ante la fractura interna de Sumar, ha decidido dar un paso atrás. No es para menos: Sumar, que prometía ser una alternativa progresista, está más cerca de hundirse que de consolidarse. Las luchas internas, los egos desbordados y las incoherencias en sus propuestas dejan claro que la coalición no está para tirar cohetes.

Y, mientras Sumar se desmorona, el Gobierno de Pedro Sánchez no da señales de estabilidad. La coalición entre el PSOE y Sumar hace agua por todas partes, más que el Titanic. Lo que antes parecía un pacto sólido, hoy se deshace bajo el peso de las contradicciones y la falta de acuerdos. Si a eso le añadimos que el presidente Sánchez no descarta prorrogar los presupuestos, la situación se vuelve aún más insostenible. Antes, en la oposición, hablar de prorrogar los presupuestos era sinónimo de un fracaso, y Sánchez no dudó en calificarlo de “inconstitucional”. Hoy, sin embargo, parece que la prórroga es la única salida viable.

Este doble discurso de Sánchez, que pasa de criticar la prórroga a adoptarla como medida, es una muestra más de la inconsistencia de su liderazgo. Si en su momento exigía convocar elecciones ante un gobierno incapaz de aprobar los presupuestos, ¿por qué no hacerlo ahora que la situación es aún más alarmante? La falta de coherencia es palpable, y el desmoronamiento de su gobierno se hace más evidente cada día.

Sánchez, que tantas veces ha pedido elecciones cuando las cosas no iban bien, ahora debería dar un paso al frente y asumir que, si no hay capacidad de gobernar, lo más sensato es convocar elecciones. El país no puede seguir así, atrapado en un limbo de inacción y promesas incumplidas. ¿Cuánto más tiene que esperar España para tener un gobierno con una verdadera capacidad de gestión? ¿O es que la prórroga de presupuestos se va a convertir en la nueva norma, tras tanto sermón sobre la inconstitucionalidad de la medida?

Es hora de que Sánchez dé la cara y explique, de una vez por todas, para cuándo elecciones. Porque, sinceramente, lo que está claro es que este Gobierno ya no se sostiene.

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Ceuta, Miercoles 29 de Julio del 2026

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