La Autopista Nacional
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Las palabras de Aznar no son una exageración: son un recordatorio incómodo de hasta dónde está dispuesto a llegar el Gobierno de Pedro Sánchez para mantenerse en el poder. Negarlo o maquillarlo no cambia la realidad. Sin el apoyo de Bildu, hoy no habría presidencia; y sin el pasado que arrastra esa formación, tampoco existiría su peso parlamentario actual. Es un hecho que incomoda, pero que no desaparece por mucho que se intente dulcificar.

Las palabras de Aznar no son una exageración: son un recordatorio incómodo de hasta dónde está dispuesto a llegar el Gobierno de Pedro Sánchez para mantenerse en el poder. Negarlo o maquillarlo no cambia la realidad. Sin el apoyo de Bildu, hoy no habría presidencia; y sin el pasado que arrastra esa formación, tampoco existiría su peso parlamentario actual. Es un hecho que incomoda, pero que no desaparece por mucho que se intente dulcificar.

Lo verdaderamente grave no es solo el pacto en sí, sino la normalización del mismo. Mientras se señala con el dedo a otros por sus alianzas, el Ejecutivo ha decidido cruzar una línea que durante años fue considerada infranqueable. Y lo ha hecho sin rubor, sin autocrítica y, peor aún, tratando de imponer un relato donde todo queda justificado en nombre de la “gobernabilidad”.

Resulta difícil aceptar que quienes hoy se presentan como garantes de la democracia y la convivencia hayan optado por apoyarse en quienes no han condenado con claridad uno de los capítulos más oscuros de nuestra historia reciente. No se trata de reabrir heridas, sino de no trivializarlas. Gobernar no debería implicar olvidar principios básicos ni reescribir la memoria colectiva a conveniencia.

La indignación selectiva, además, roza lo insultante. Se demonizan unos pactos mientras se blanquean otros mucho más controvertidos. Ese doble rasero no solo erosiona la credibilidad del Gobierno, sino que alimenta el desencanto de una ciudadanía que asiste, cada vez más harta, a este juego de conveniencias.

Al final, la cuestión es sencilla: ¿todo vale para seguir en el poder? Si la respuesta es sí, como parece demostrar la práctica política actual, entonces el problema ya no es solo de un Gobierno concreto, sino de una forma de entender la política que pone los intereses por encima de cualquier límite moral. Y eso, más que preocupar, debería alarmar.

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Ceuta, Miercoles 29 de Julio del 2026

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