Es curioso cómo algunos políticos, al intentar defender lo indefendible, terminan delatando sus propias contradicciones. Óscar López, secretario general del PSOE en Madrid, se ha despachado con una frase que pasará a la lista de perlas de la arrogancia política: "Hay quien persigue el delito y quien lo comete". Un dardo dirigido al fiscal en plena polémica por la filtración de correos, olvidando que, para empezar, filtrar documentos ya constituye un delito. La frase, además de pedante, parece diseñada para enredar, como si quisiera oscurecer lo evidente: la responsabilidad política de sus propias filas.
Es curioso cómo algunos políticos, al intentar defender lo indefendible, terminan delatando sus propias contradicciones. Óscar López, secretario general del PSOE en Madrid, se ha despachado con una frase que pasará a la lista de perlas de la arrogancia política: "Hay quien persigue el delito y quien lo comete". Un dardo dirigido al fiscal en plena polémica por la filtración de correos, olvidando que, para empezar, filtrar documentos ya constituye un delito. La frase, además de pedante, parece diseñada para enredar, como si quisiera oscurecer lo evidente: la responsabilidad política de sus propias filas.
El problema no es solo el tono altivo, sino el mensaje entre líneas. López se olvida, o prefiere que olvidemos, que su presidente, Pedro Sánchez, también tuvo palabras poco amables con la justicia. Acusó a jueces de perseguir con más ahínco a Puigdemont que a otros delincuentes y cuestionó investigaciones que, casualmente, rozaban a su entorno más cercano, como el caso de Begoña Gómez. ¿Es este el ejemplo de respeto institucional que el PSOE defiende cuando se siente acorralado?
La filtración de correos no es un hecho menor. Atenta contra la confidencialidad de procesos judiciales y debilita la confianza en las instituciones. Sin embargo, en lugar de condenar con claridad este tipo de prácticas, López y compañía prefieren enfangarse en una guerra de declaraciones. Resulta preocupante que se utilicen las instituciones como trincheras políticas y que se justifiquen actuaciones cuestionables siempre que sirvan a los intereses del partido.
Este tipo de declaraciones nos deja una amarga sensación: ¿se ha convertido el "y tú más" en el eje de la política española? En lugar de asumir responsabilidades, se prefiere desviar el foco hacia el adversario, aunque ello implique socavar los pilares del Estado de derecho. La pregunta no es quién comete el delito, sino quién lo permite, lo ampara o incluso lo utiliza como arma arrojadiza.
Quizá Óscar López debería recordar que el respeto por las instituciones no se predica solo cuando te conviene, sino siempre. La justicia no puede ser el saco de boxeo del debate político ni el escudo para ocultar vergüenzas. El PSOE, si realmente cree en los valores que dice defender, tiene una oportunidad de oro para empezar a predicar con el ejemplo. ¿Lo hará? Eso está por verse.