No todos los días podemos decir que un ceutí ocupa un puesto de tanta relevancia en la estructura de nuestras Fuerzas Armadas. Desde febrero de 2024, el general de división Juan Pablo Cuenca-Romero, nacido y criado en Ceuta, dirige con firmeza y discreción el Gabinete del Jefe de Estado Mayor del Ejército del Aire y del Espacio. No se trata solo de una labor administrativa: es un cargo de máxima responsabilidad, que implica coordinar equipos, agendas, decisiones estratégicas y asesoramiento directo al JEMA. Y ahí, en ese epicentro de decisiones, hay un ceutí dejando el pabellón muy alto.
No todos los días podemos decir que un ceutí ocupa un puesto de tanta relevancia en la estructura de nuestras Fuerzas Armadas. Desde febrero de 2024, el general de división Juan Pablo Cuenca-Romero, nacido y criado en Ceuta, dirige con firmeza y discreción el Gabinete del Jefe de Estado Mayor del Ejército del Aire y del Espacio. No se trata solo de una labor administrativa: es un cargo de máxima responsabilidad, que implica coordinar equipos, agendas, decisiones estratégicas y asesoramiento directo al JEMA. Y ahí, en ese epicentro de decisiones, hay un ceutí dejando el pabellón muy alto.
Su trayectoria lo avala. Con una sólida formación y una carrera marcada por destinos internacionales y operativos, Cuenca-Romero representa esa generación de militares que han sabido combinar la excelencia técnica con el compromiso institucional. Pero más allá de su hoja de servicios —que es brillante—, está su humanidad, su cercanía y ese orgullo sereno de pertenecer a una familia profundamente ceutí, con raíces que siguen firmemente ancladas en nuestra tierra.
Para Ceuta, su ascenso no es solo un motivo de satisfacción personal o profesional. Es una prueba de que esta ciudad, a menudo olvidada en los grandes discursos nacionales, sigue formando personas excepcionales capaces de liderar, decidir y representar con dignidad allá donde se les necesite. Su presencia en el núcleo duro del Ejército del Aire no es un golpe de suerte, sino el fruto de años de esfuerzo, preparación y vocación de servicio.
Quienes le conocemos sabemos que no ha perdido ni un ápice de su sencillez ni de su compromiso con los suyos. A pesar de la responsabilidad que implica su cargo, sigue siendo el mismo Juan Pablo: cercano, íntegro y leal. Un ejemplo de cómo se puede llegar lejos sin perder la esencia de uno mismo.
Por eso, como ceutíes y como amigos, no podemos más que sentir orgullo y admiración. Porque cuando Cuenca-Romero entra en una sala del Estado Mayor, entra también un pedacito de Ceuta. Y eso, créanme, es mucho decir.