Dice Leire Díez que no es la fontanera del PSOE. Que todo esto de moverse entre filtraciones, grabaciones y operaciones de descrédito era, en realidad, “periodismo de investigación”. Hombre, claro. Y yo soy astronauta cada vez que miro al cielo. La explicación tiene tanto de verosímil como un guion de serie política mal escrita: mucha intriga, poca credibilidad.
Dice Leire Díez que no es la fontanera del PSOE. Que todo esto de moverse entre filtraciones, grabaciones y operaciones de descrédito era, en realidad, “periodismo de investigación”. Hombre, claro. Y yo soy astronauta cada vez que miro al cielo. La explicación tiene tanto de verosímil como un guion de serie política mal escrita: mucha intriga, poca credibilidad.
El problema es que la historia huele a cloaca, y no precisamente a las de las que limpian los fontaneros de verdad. Cuando uno se dedica a “investigar” a mandos de la Guardia Civil en plena tormenta política, cuesta mucho creerse que lo haga por amor al oficio y no por encargo de alguien con más poder y menos escrúpulos.
Lo divertido —o trágico, según se mire— es cómo algunos pretenden convencernos de que estas maniobras son “periodismo”. Si todo vale en nombre de la información, mañana cualquiera podrá montar su propia operación de acoso y llamarlo “reportaje especial”.
Así que, señora Díez, si de verdad no es la fontanera del PSOE, al menos ha demostrado tener las herramientas: cinta aislante, alicates y mucha capacidad para moverse por las tuberías más turbias de la política española. Lo malo es que el hedor ya no lo tapa ni con lejía.