La Autopista Nacional
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Donald Trump nunca ha sido un político al uso, pero su última obsesión por un tercer mandato roza lo delirante. En Estados Unidos, la Constitución es clara: un presidente solo puede gobernar dos mandatos, y punto. Pero a Trump, al que la legalidad le suele parecer un estorbo, le gusta fantasear con un escenario en el que las reglas se doblan a su voluntad. No es la primera vez que lo insinúa, dejando caer que merecería más tiempo en el cargo o que, de alguna forma, podría saltarse la enmienda que lo impide.

Donald Trump nunca ha sido un político al uso, pero su última obsesión por un tercer mandato roza lo delirante. En Estados Unidos, la Constitución es clara: un presidente solo puede gobernar dos mandatos, y punto. Pero a Trump, al que la legalidad le suele parecer un estorbo, le gusta fantasear con un escenario en el que las reglas se doblan a su voluntad. No es la primera vez que lo insinúa, dejando caer que merecería más tiempo en el cargo o que, de alguna forma, podría saltarse la enmienda que lo impide.

La realidad es que su insistencia en perpetuarse en el poder solo confirma lo que muchos ya saben: Trump no entiende la democracia, solo entiende el poder. Y lo peor es que no le faltan seguidores dispuestos a seguirle en esta deriva autoritaria, como si Estados Unidos fuera una república bananera en la que el líder se queda hasta que le apetezca. El presidente ha hecho de la mentira y la manipulación su marca personal, pero intentar convencer a sus fieles de que un tercer mandato es viable es llevar la farsa a otro nivel.

No hay que olvidar que Trump ya intentó aferrarse a la Casa Blanca en 2021 con teorías conspiranoicas y un asalto al Capitolio incluido. No ganó entonces, pero su ego no le permite aceptar la derrota. Lo grave es que su narrativa de fraude y persecución sigue calando en parte del electorado republicano, lo que le da alas para seguir con sus ocurrencias, por absurdas que sean.

Que el Partido Republicano tolere este tipo de desvaríos es una muestra de hasta qué punto Trump ha secuestrado a la derecha estadounidense. Lo que antes era un partido de principios conservadores hoy es una secta en la que se aplaude cualquier barbaridad con tal de no contrariar al líder supremo. Pero la historia deja claro que quienes desafían las reglas de la democracia suelen terminar mal, y si Trump sigue por este camino, puede terminar descubriéndolo por las malas.

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Ceuta, Miercoles 29 de Julio del 2026

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