El "acuerdo de los 14" que Alberto Núñez Feijóo ha presentado a Pedro Sánchez pone sobre la mesa un tema clave: la distribución de 18.000 millones de fondos europeos para todas las Comunidades Autónomas. Feijóo exige justicia, un reparto equitativo que incluya a todas, sin excepciones ni favoritismos. Es legítimo que el líder del PP pida lo que, en esencia, es básico: que todas las regiones reciban el mismo trato, en lugar de priorizar a una sola.
El "acuerdo de los 14" que Alberto Núñez Feijóo ha presentado a Pedro Sánchez pone sobre la mesa un tema clave: la distribución de 18.000 millones de fondos europeos para todas las Comunidades Autónomas. Feijóo exige justicia, un reparto equitativo que incluya a todas, sin excepciones ni favoritismos. Es legítimo que el líder del PP pida lo que, en esencia, es básico: que todas las regiones reciban el mismo trato, en lugar de priorizar a una sola.
Sánchez ha demostrado, a lo largo de su mandato, una inclinación especial por Cataluña, favoreciendo acuerdos que benefician exclusivamente a esta comunidad. Si tiene un mínimo de vergüenza política, debería aplicar el mismo criterio con el resto de las autonomías. Al fin y al cabo, España es un país de todos, no de unos pocos. Favorecer a una región en detrimento de otras genera un malestar que divide, cuando lo que realmente necesitamos es cohesión.
Los fondos europeos no son un cheque en blanco para resolver problemas territoriales o calmar tensiones políticas. Son una oportunidad para impulsar la recuperación y desarrollo en todo el país. Ignorar las necesidades del resto de las comunidades autónomas sería un grave error. Si Sánchez es realmente el presidente de todos los españoles, debe dejar de lado los intereses partidistas y garantizar que esos fondos lleguen de manera equitativa a cada rincón de España.
Feijóo ha lanzado un desafío justo. Lo que está en juego no es solo dinero, sino la igualdad y la justicia que merecen todas las regiones. El Gobierno central tiene la oportunidad de demostrar que puede ser ecuánime y actuar con responsabilidad para evitar un trato discriminatorio que solo alimenta la desconfianza.
Si no se corrige este rumbo, la sensación de agravio comparativo entre las Comunidades Autónomas solo se agudizará. La equidad y la justicia no deberían estar en discusión; Sánchez debe corregir el rumbo si no quiere que su legado sea el de un presidente que gobernó para unos pocos.