La Autopista Nacional
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Ha tenido que ser desde las propias entrañas del régimen marroquí, y de boca de quien fuera su primer ministro, desde donde se termine de hacer añicos el relato oficial. Las insólitas declaraciones de Abdelilah Benkirane, líder del PJD, exigiendo explicaciones directas al rey Mohamed VI sobre la invasión migratoria sufrida por Ceuta, no solo rompen un tabú histórico en el país vecino; suponen la confirmación definitiva de lo que siempre fue una verdad a voces: aquella avalancha humana jamás fue un hecho espontáneo, sino una maniobra orquestada en los despachos del poder.

Ha tenido que ser desde las propias entrañas del régimen marroquí, y de boca de quien fuera su primer ministro, desde donde se termine de hacer añicos el relato oficial. Las insólitas declaraciones de Abdelilah Benkirane, líder del PJD, exigiendo explicaciones directas al rey Mohamed VI sobre la invasión migratoria sufrida por Ceuta, no solo rompen un tabú histórico en el país vecino; suponen la confirmación definitiva de lo que siempre fue una verdad a voces: aquella avalancha humana jamás fue un hecho espontáneo, sino una maniobra orquestada en los despachos del poder.

Que una figura política de primer orden en Marruecos rompa el férreo silencio cortesano para preguntar abiertamente quién dio la orden y con qué fines se coordinó semejante asalto fronterizo pone en una posición insostenible tanto a la Casa Real como al Gobierno títere de Aziz Akhannouch. El mutismo cómplice con el que Rabat ha pretendido enterrar aquel episodio bochornoso ya no se sostiene. Cuando la oposición islamista exige aclarar si la invasión fue fruto de una directriz interna, lo que está haciendo es señalar sin ambages al palacio como autor intelectual de un chantaje diplomático sin escrúpulos.

Lo verdaderamente repugnante de todo este tablero político no es solo la hipocresía con la que ahora se tiran los trastos a la cabeza en Rabat, sino la absoluta falta de escrúpulos que subyace en el fondo. Utilizar la desesperación de miles de compatriotas, empujar a menores de edad al mar y convertirlos en munición humana para presionar a España y a Europa es una vileza que desacredita a cualquier Estado que pretenda llamarse socio fiable. Trataron a su propia juventud como peones sacrificables en una partida de ajedrez geopolítico miserable.

Las palabras de Benkirane no lavan la imagen de nadie; simplemente destapan la cloaca y dejan al descubierto las miserias de un sistema donde la vida humana no vale nada frente a los caprichos del poder. Mientras en Ceuta todavía se sufren las consecuencias de aquella agresión y se combate a diario la presión fronteriza, en Marruecos la verdad empieza a desbordar los muros palaciegos. Mohamed VI y su cúpula no pueden seguir escondiéndose tras el mutismo: el tiempo del cinismo ha terminado y las cartas, marcadas y manchadas de indignidad, están por fin sobre la mesa.

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Ceuta, Jueves 10 de Septiembre del 2026

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