La reciente visita del presidente del Tribunal Constitucional, Cándido Conde-Pumpido, a Ceuta ha sido un ejercicio medido de solemnidad institucional. Habló de la “primacía del Derecho frente al uso de la fuerza” y elogió el papel de las Fuerzas Armadas en nuestra ciudad, como si de un manual de convivencia democrática se tratara. Hasta ahí, nada nuevo bajo el sol. Pero cuando uno viene a Ceuta con toga y discurso, conviene también mirar debajo de la alfombra. Porque Ceuta no es solo una postal con militares y frontera: es también un laboratorio donde se tensan los límites del Estado de derecho.
La reciente visita del presidente del Tribunal Constitucional, Cándido Conde-Pumpido, a Ceuta ha sido un ejercicio medido de solemnidad institucional. Habló de la “primacía del Derecho frente al uso de la fuerza” y elogió el papel de las Fuerzas Armadas en nuestra ciudad, como si de un manual de convivencia democrática se tratara. Hasta ahí, nada nuevo bajo el sol. Pero cuando uno viene a Ceuta con toga y discurso, conviene también mirar debajo de la alfombra. Porque Ceuta no es solo una postal con militares y frontera: es también un laboratorio donde se tensan los límites del Estado de derecho.
Pumpido reivindicó que “las Fuerzas Armadas están sometidas al control civil”, mientras aquí seguimos esperando explicaciones sobre cómo se gestiona —o se elude— la legalidad cuando la presión migratoria estalla en la valla. ¿Dónde estuvo el “imperio de la ley” en mayo de 2021, cuando miles de personas, incluidos menores, fueron devueltos de forma exprés y sin garantías legales? ¿Dónde están las resoluciones del Constitucional frente a esas prácticas, si tan importante es el Derecho? Porque en Ceuta, muchas veces, la frontera se convierte en tierra de nadie jurídica, y no parece que desde Madrid, ni desde el alto tribunal, se tenga prisa por remediarlo.
Tampoco hubo espacio en su agenda para hablar del olvido institucional que padecemos: sanidad bajo mínimos, educación colapsada, y una justicia que avanza a ritmo de caracol. ¿De qué sirve tanto discurso sobre el Estado de derecho si se aplica a dos velocidades, según se cruce o no el Estrecho? La visita de Pumpido podría haber sido una oportunidad para asumir que Ceuta no solo necesita defensa frente a amenazas externas, sino garantías frente al abandono interno.
Se agradecen las palabras elegantes y las loas al marco constitucional, pero aquí la gente ya se sabe de memoria el decorado. Lo que hacen falta son hechos, y sobre todo, memoria. Porque una ciudad como Ceuta, que siempre ha estado en primera línea de todos los conflictos sin pedir nada a cambio, no puede seguir siendo una nota al pie en los discursos oficiales de quienes solo aparecen cuando hay medallas que repartir
Así que, señor Conde-Pumpido: menos lecciones y más justicia. Aquí no nos sobran ni el orden ni la ley, lo que falta es que se apliquen igual para todos. Porque si no, lo suyo no es Derecho, es retórica.