El gesto del Rey de España de iniciar su visita rindiendo homenaje a quienes perdieron la vida en el mar marca una frontera moral insalvable entre dos formas antagónicas de entender el poder. Mientras Felipe VI se inclina con sobriedad y respeto ante el dolor de las familias de los náufragos, al otro lado de la valla el autócrata Mohamed VI ni siquiera se digna a reconocer a sus propios compatriotas fallecidos, negándoles la identidad, la repatriación y el duelo público más elemental.
El gesto del Rey de España de iniciar su visita rindiendo homenaje a quienes perdieron la vida en el mar marca una frontera moral insalvable entre dos formas antagónicas de entender el poder. Mientras Felipe VI se inclina con sobriedad y respeto ante el dolor de las familias de los náufragos, al otro lado de la valla el autócrata Mohamed VI ni siquiera se digna a reconocer a sus propios compatriotas fallecidos, negándoles la identidad, la repatriación y el duelo público más elemental.
Ese silencio cómplice no es descuido; es la firma de un régimen que trata a su propio pueblo como carne de cañón diplomática. Quienes se lanzan a la desesperada al mar o al espigón no huyen del azar: huyen de la asfixia, de la miseria impuesta y de la persecución de una tiranía que gasta fortunas en palacios mientras empuja a su juventud al abismo para utilizarlos como arma de presión geopolítica sobre España. Para Rabat, esos cadáveres son una molestia estadística que empaña la propaganda oficial y por eso los condena al olvido y a la fosa común sin nombre.
Por fortuna para nosotros, la Corona de España pertenece a otra órbita cívica. Nuestro monarca rinde honores a las víctimas con la empatía de un jefe de Estado constitucional que entiende que la dignidad humana está por encima de las conveniencias diplomáticas. Ese tributo al dolor ajeno deja en evidencia la bancarrota moral de palacio marroquí: mientras el déspota de Rabat desprecia las vidas que él mismo ha destruido, el Rey de los españoles las recuerda y las honra en la orilla donde encontraron la muerte.