Delcy Rodríguez ha pasado de ser una figura secundaria del chavismo a convertirse en la mujer más poderosa de Venezuela. Y lo más sorprendente es que lo ha hecho tendiendo puentes con Donald Trump, algo que hace apenas unos años parecía imposible. Hoy, mientras medio mundo sigue anclado en discursos ideológicos del pasado, ambos parecen entenderse por puro interés político y económico.
Delcy Rodríguez ha pasado de ser una figura secundaria del chavismo a convertirse en la mujer más poderosa de Venezuela. Y lo más sorprendente es que lo ha hecho tendiendo puentes con Donald Trump, algo que hace apenas unos años parecía imposible. Hoy, mientras medio mundo sigue anclado en discursos ideológicos del pasado, ambos parecen entenderse por puro interés político y económico.
Muchos venezolanos empiezan a ver en esta nueva etapa una especie de purga silenciosa dentro del propio sistema. Viejos enchufados, corruptos históricos y personajes que llevaban décadas viviendo del poder comienzan a caer o desaparecer del foco político. La entrega de Alex Saab o los movimientos judiciales internacionales son señales de que alguien está moviendo el tablero de verdad.
Y dentro de esa limpieza también hay quienes creen que se acabará el negocio de muchos oportunistas que durante años han vivido entre Venezuela y España utilizando el victimismo político según les convenía. Los llamados “españovenezolanos” que se enriquecieron mientras el país se hundía ya no parecen tener el terreno tan cómodo como antes.
Trump no está ayudando a Venezuela por romanticismo ni Delcy Rodríguez se ha convertido de repente en una demócrata liberal. Aquí hay petróleo, dinero y estrategia internacional. Pero en política muchas veces los cambios llegan precisamente así: cuando los intereses obligan a desmontar estructuras que llevaban demasiado tiempo parasitando un país entero.