Algo se resquebraja en el seno del Gobierno de coalición, y no es solo una cuestión de estrategia política, sino de confianza rota. Izquierda Unida lanza una llamada seria a los partidos de Sumar para que se replanteen su papel en un Ejecutivo que, a su juicio, ya no cumple con los principios fundacionales de la alianza progresista. No se descarta una ruptura, y eso es tanto como decir que se abre la puerta a una crisis política en toda regla.
Algo se resquebraja en el seno del Gobierno de coalición, y no es solo una cuestión de estrategia política, sino de confianza rota. Izquierda Unida lanza una llamada seria a los partidos de Sumar para que se replanteen su papel en un Ejecutivo que, a su juicio, ya no cumple con los principios fundacionales de la alianza progresista. No se descarta una ruptura, y eso es tanto como decir que se abre la puerta a una crisis política en toda regla.
Por si fuera poco, Podemos no ha tardado en elevar el tono y pedir la dimisión del ministro Marlaska, además de reclamar que el presidente Sánchez se someta a una cuestión de confianza. ¿El motivo? La venta de armas a Israel en plena guerra de Gaza. Un asunto delicado, éticamente espinoso, que ha generado una tormenta interna y que pone a prueba la coherencia del discurso de los socios de gobierno.
Mientras tanto, Pedro Sánchez mantiene la calma de puertas afuera, pero no hay que ser un lince para ver que el Gobierno se tambalea. Las fracturas internas son evidentes, y lo que antes era un bloque progresista más o menos cohesionado ahora parece un mosaico de siglas enfrentadas por la deriva de una política cada vez más pragmática y menos ideológica.
El desgaste es real y lo nota hasta el votante más fiel. El problema no es solo de imagen, sino de fondo: las contradicciones acumuladas y la falta de una dirección clara han hecho mella en la credibilidad del Ejecutivo. Los mensajes cruzados y las guerras internas no hacen más que alimentar la sensación de agotamiento político.
Quizá ha llegado el momento de que el Gobierno se mire al espejo y decida si quiere seguir como está, con parches y remiendos, o si prefiere reconstruirse desde dentro con sinceridad y firmeza. Porque seguir ignorando la grieta solo servirá para que se convierta en un abismo.