Hay que tener bastante cuajo para venir ahora a hablarle a Ceuta de “desinformación”. José Manuel Albares asegura que se han utilizado todos los canales posibles para amplificarla y dividir a españoles y europeos. Quizá antes de buscar culpables fuera debería mirar hacia dentro. Porque si algo ha faltado desde aquel 30 de julio no ha sido información circulando, sino explicaciones claras, rápidas y convincentes de un Gobierno que demasiadas veces ha llegado tarde y a remolque de los acontecimientos.
Hay que tener bastante cuajo para venir ahora a hablarle a Ceuta de “desinformación”. José Manuel Albares asegura que se han utilizado todos los canales posibles para amplificarla y dividir a españoles y europeos. Quizá antes de buscar culpables fuera debería mirar hacia dentro. Porque si algo ha faltado desde aquel 30 de julio no ha sido información circulando, sino explicaciones claras, rápidas y convincentes de un Gobierno que demasiadas veces ha llegado tarde y a remolque de los acontecimientos.
Los ceutíes no necesitan que nadie les cuente lo que ocurrió. Lo vieron con sus propios ojos. Tampoco necesitan campañas en redes sociales para saber cómo ha quedado la ciudad después de aquella entrada masiva. Y cuando las versiones oficiales cambian, aparecen documentos, surgen nuevas informaciones y Europa acaba debatiendo sobre Ceuta, pretender despachar las críticas bajo el cómodo paraguas de la “desinformación” resulta demasiado fácil. La discrepancia no es un bulo y exigir responsabilidades tampoco.
Además, el problema ya no se queda en la discusión política española. La crisis de Ceuta ha llegado a las instituciones europeas, España ha tenido que pedir mayor implicación comunitaria y el propio Albares lleva semanas reclamando más solidaridad para la frontera sur. Si todo estaba tan bien gestionado, cuesta entender por qué ahora hay que correr por Bruselas buscando más Frontex, más financiación y una mayor protección europea para Ceuta y Melilla.
Pedro Sánchez y su Gobierno deberían comprender de una vez que gobernar no consiste en señalar al mensajero cada vez que llegan malas noticias. Cuando tanta gente cuestiona una gestión, la respuesta no puede ser siempre que los demás mienten, manipulan o desinforman. A veces toca hacer algo bastante más incómodo: explicar qué se hizo, qué falló, quién asumió las decisiones y por qué Ceuta continúa pagando las consecuencias semanas después.
Así que, señor Albares, menos lecciones sobre desinformación y más transparencia. Ceuta ya ha soportado demasiadas explicaciones a medias como para que ahora también tenga que aceptar que quienes cuestionan al Gobierno forman parte del problema. Los ciudadanos no necesitan que un ministro les diga qué deben creer. Necesitan un Gobierno que dé respuestas, enseñe los documentos, asuma sus errores cuando los haya y, sobre todo, consiga que algo como lo ocurrido el 30 de julio no vuelva a repetirse.