La Autopista Nacional
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Cada vez cuesta más separar el destino político de Pedro Sánchez del de su entorno más inmediato. La figura de Santos Cerdán, hasta hace poco un discreto operador de partido, ha emergido como un personaje central en todas las etapas clave del sanchismo: desde el resurgir del actual presidente en las primarias de 2017 hasta los pactos con los independentistas y proetarras que lo sostienen hoy en Moncloa. No se ha movido una ficha en Ferraz sin que Cerdán estuviera al tanto, o directamente al mando.

Cada vez cuesta más separar el destino político de Pedro Sánchez del de su entorno más inmediato. La figura de Santos Cerdán, hasta hace poco un discreto operador de partido, ha emergido como un personaje central en todas las etapas clave del sanchismo: desde el resurgir del actual presidente en las primarias de 2017 hasta los pactos con los independentistas y proetarras que lo sostienen hoy en Moncloa. No se ha movido una ficha en Ferraz sin que Cerdán estuviera al tanto, o directamente al mando.

Ahora, la sombra de la sospecha penal planea sobre ese mismo núcleo duro. La Unidad Central Operativa de la Guardia Civil señala que Cerdán podría haber tenido un papel aún más relevante que el del exministro Ábalos en la presunta trama de corrupción y financiación ilegal del PSOE. No es una ocurrencia periodística: lo dice un informe judicial que ya ha enviado a Cerdán directo al banquillo, con el Supremo tomando nota.

Lo más alarmante no es solo la gravedad de las acusaciones, sino la pasmosa falta de explicaciones por parte del presidente del Gobierno. Pedro Sánchez, que no ha tenido reparos en dar ruedas de prensa lacrimógenas cuando se sentía acosado por la crítica, guarda ahora un silencio atronador ante la sospecha de que uno de sus hombres de mayor confianza manejaba los hilos de una red delictiva con epicentro en su propio Ejecutivo.

Hay momentos en los que el silencio ya no es una opción digna para quien ocupa la jefatura del Estado. El PSOE no puede seguir aferrándose al relato de la "máquina del fango" cuando los jueces, la Guardia Civil y las pruebas documentales dibujan un panorama tan turbio. Si Sánchez no sabía lo que hacía su mano derecha, es grave. Pero si lo sabía, es infinitamente peor.

La corrupción no entiende de colores políticos, pero el poder sí tiene una responsabilidad especial: dar ejemplo. Y en este caso, el ejemplo que se está dando es el de la opacidad, el encubrimiento y el desprecio a la rendición de cuentas. El "nuevo PSOE" prometía regeneración. Hoy, se parece demasiado al de los peores tiempos.

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Ceuta, Jueves 30 de Julio del 2026

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