Lo de los helicópteros es una historia de esas que parecen chiste. Resulta que la Comunidad Valenciana pide ayuda a Andalucía y le envían dos helicópteros para reforzar sus servicios de rescate y emergencias. Hasta aquí, todo parece lógico y razonable. Sin embargo, lo que sigue es de traca: los helicópteros han vuelto a los dos días sin haber hecho nada porque nadie en la Comunidad Valenciana les asignó ninguna tarea. En serio, ¿a quién se le ocurre pedir ayuda para luego no usarla?
Lo de los helicópteros es una historia de esas que parecen chiste. Resulta que la Comunidad Valenciana pide ayuda a Andalucía y le envían dos helicópteros para reforzar sus servicios de rescate y emergencias. Hasta aquí, todo parece lógico y razonable. Sin embargo, lo que sigue es de traca: los helicópteros han vuelto a los dos días sin haber hecho nada porque nadie en la Comunidad Valenciana les asignó ninguna tarea. En serio, ¿a quién se le ocurre pedir ayuda para luego no usarla?
Este suceso refleja una falta de organización y planificación preocupante. Si pides un refuerzo tan especializado como helicópteros de rescate, lo mínimo que se espera es que exista un plan de acción para aprovecharlos. Es una cuestión de respeto, no solo hacia quienes envían los recursos, sino también hacia la población que espera un sistema de emergencias que funcione y esté bien gestionado.
Dejar inactivos unos helicópteros que pueden salvar vidas resulta incomprensible. Las autoridades valencianas deben una explicación clara y, más importante aún, deben tomar nota para que no se repita este absurdo. Además, estas descoordinaciones entre comunidades no solo reflejan falta de previsión, sino también un desperdicio de recursos y dinero público que, al final, pagamos todos.
Esta situación revela una necesidad urgente de mejorar la colaboración entre comunidades, algo esencial para que el apoyo mutuo no se quede en anécdotas absurdas como esta. Si de verdad queremos que los recursos públicos se empleen bien, no podemos permitir estos desajustes.
Que los helicópteros volvieran sin cumplir misión alguna deja una imagen lamentable de la gestión. Hay que ponerse serios y dejarse de improvisaciones que, lejos de solucionar problemas, crean otros nuevos.