Las palabras del eurodiputado Jorge Buxadé, “la UE no puede seguir premiando a quien ataca nuestras fronteras y nuestra integridad territorial”, resuenan con fuerza en un momento en el que muchas familias sienten que se les exige demasiado mientras se tolera demasiado a otros. No es cuestión de ideologías, sino de sentido común: un país que no protege sus fronteras, que no valora el esfuerzo y que no exige reciprocidad, pierde el rumbo y la cohesión social.
Las palabras del eurodiputado Jorge Buxadé, “la UE no puede seguir premiando a quien ataca nuestras fronteras y nuestra integridad territorial”, resuenan con fuerza en un momento en el que muchas familias sienten que se les exige demasiado mientras se tolera demasiado a otros. No es cuestión de ideologías, sino de sentido común: un país que no protege sus fronteras, que no valora el esfuerzo y que no exige reciprocidad, pierde el rumbo y la cohesión social.
Es frustrante para muchos ciudadanos ver cómo se disparan los impuestos, cómo se encarece la vida y, sin embargo, hay quienes llegan, no para integrarse o aportar, sino simplemente para beneficiarse de un sistema que no exige lo que debería. No se trata de rechazar al que viene a ganarse la vida con trabajo y respeto, sino de decir basta a ese modelo asistencialista sin control, que convierte a muchos en espectadores permanentes de un país que no conocen ni valoran.
El desempleo y la inacción no pueden ser opciones cómodas ni para el nacional ni para el extranjero. Las ayudas sociales tienen que estar ligadas al esfuerzo, a la voluntad de trabajar y a la aportación real a la sociedad. No puede ser que quien no aporta reciba más atención que quien lleva años pagando impuestos y levantando el país.
Europa, y especialmente España, necesita recuperar el principio de responsabilidad. Acoger no debe significar claudicar. Ser solidarios no implica ser ingenuos ni cómplices de una política de brazos abiertos sin condiciones. Si alguien quiere entrar en nuestro país, que lo haga con un objetivo claro: trabajar, respetar nuestras leyes y construir junto a nosotros.
Y si la Unión Europea sigue premiando a quienes cuestionan nuestra soberanía, entonces habrá que plantarse. Porque proteger nuestras fronteras es proteger nuestro futuro, y eso no es xenofobia, es simplemente justicia para los que sí cumplen y sostienen este país cada día con su esfuerzo.