La Autopista Nacional
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Donald Trump ha vuelto a la Casa Blanca y lo ha hecho con fuerza. Biden, en un gesto de cortesía política, le ha recibido, pero lo que realmente importa son las medidas que ya comienzan a filtrarse: un endurecimiento contra la inmigración que promete ser más eficaz que nunca. Trump no es santo de devoción para todos, pero tiene algo que muchos líderes europeos, incluida España, parecen haber olvidado: la defensa de los intereses de su país por encima de todo.

Donald Trump ha vuelto a la Casa Blanca y lo ha hecho con fuerza. Biden, en un gesto de cortesía política, le ha recibido, pero lo que realmente importa son las medidas que ya comienzan a filtrarse: un endurecimiento contra la inmigración que promete ser más eficaz que nunca. Trump no es santo de devoción para todos, pero tiene algo que muchos líderes europeos, incluida España, parecen haber olvidado: la defensa de los intereses de su país por encima de todo.

Mientras Trump toma decisiones para proteger su economía, su seguridad y su identidad, España sigue instalada en un discurso de buenismo que ni resuelve problemas ni aporta beneficios. No es nuevo. Nuestro país tiene una triste tradición de alinearse con la narrativa de la "solidaridad mal entendida", abriendo la puerta a flujos migratorios descontrolados que acaban siendo un lastre para nuestra ya frágil economía.

Sería incomprensible que, una vez más, España no se posicione del lado de un líder que, guste o no, prioriza la eficacia. Trump no tiene complejos en cerrar puertas cuando sabe que abrirlas sin criterio trae más problemas que soluciones. Pero aquí seguimos soltando dinero, firmando acuerdos que no nos benefician y permitiendo que otros decidan por nosotros en lugar de aprender de estrategias que buscan resultados tangibles.

Trump, en su estilo directo, ha dejado claro que no tiene tiempo para medias tintas. España, en cambio, parece más preocupada por agradar a quienes no aportan nada que por resolver sus propios retos. Es hora de asumir que ser solidarios no puede equivaler a hipotecar el bienestar de los españoles.

Si esta vez Trump cumple –y todo apunta a que lo hará–, quedará en evidencia que apostar por el pragmatismo es mucho más efectivo que seguir siendo los "salvadores" de causas que solo nos aportan ruina. España debería replantearse seriamente en qué bando quiere estar, porque, como siempre, parece que hemos vuelto a elegir el equivocado.

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Ceuta, Miercoles 29 de Julio del 2026

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