La Autopista Nacional
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Junts ha vuelto a mover ficha, y esta vez lo ha hecho con una frase que resuena fuerte: el Gobierno está “en fase de negación”. Puede sonar a terapia de pareja, pero lo cierto es que la relación política en Madrid se parece bastante a eso: silencios incómodos, malentendidos y un divorcio que uno de los dos no quiere reconocer. Y mientras unos hablan de ruptura, otros siguen jurando que “no es para tanto”.

Junts ha vuelto a mover ficha, y esta vez lo ha hecho con una frase que resuena fuerte: el Gobierno está “en fase de negación”. Puede sonar a terapia de pareja, pero lo cierto es que la relación política en Madrid se parece bastante a eso: silencios incómodos, malentendidos y un divorcio que uno de los dos no quiere reconocer. Y mientras unos hablan de ruptura, otros siguen jurando que “no es para tanto”.

El punto de fricción no es menor. Junts da por acabada la etapa de colaboración y lo dice con la contundencia de quien siente que ya ha avisado suficientes veces. Desde el Ejecutivo, sin embargo, se mantiene una calma un tanto forzada, como cuando alguien insiste en que todo está bajo control mientras el fuego se expande en la cocina. Esa disonancia empieza a ser evidente para cualquiera que mire la escena con un mínimo de distancia.

La propuesta de Junts —o su “consejo”, según lo llaman ellos— es clara: convocar elecciones. Y aunque pueda sonar a provocación, también es verdad que cuando un Gobierno gobierna mirando más al parchís parlamentario que a la ciudadanía, quizá no sea mala idea preguntar de nuevo a los votantes qué rumbo quieren. Las urnas tienen la ventaja de que no entienden de autoengaños.

Ahora bien, no conviene olvidar que Junts también juega su propia partida. Pedir elecciones no es solo una llamada al realismo político; también es una jugada estratégica que podría colocarles en una posición más cómoda en el tablero. Pero eso no quita que la crítica sobre la “fase de negación” tenga cierto eco entre quienes ven al Gobierno cada vez más preocupado por aguantar que por avanzar.

Al final, lo que queda es una sensación de desgaste general. España no necesita un Ejecutivo aferrado al sillón ni unos socios que compitan por ver quién habla más alto. Lo que hace falta es claridad, decisiones y, si corresponde, un nuevo mandato ciudadano. Porque cuando la política entra en terapia… a veces la única salida sensata es empezar de cero.

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Ceuta, Miercoles 29 de Julio del 2026

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