Nos parece bien que el Partido Popular haya impulsado un manifiesto en el Senado para condenar actitudes machistas atribuidas a José Luis Ábalos y Koldo García. Cualquier paso para denunciar el machismo es positivo, venga de donde venga. Pero si queremos que esa condena sea creíble, no basta con levantar la voz en el Parlamento; hay que acompañarla con acciones coherentes allá donde el partido gobierna.
Nos parece bien que el Partido Popular haya impulsado un manifiesto en el Senado para condenar actitudes machistas atribuidas a José Luis Ábalos y Koldo García. Cualquier paso para denunciar el machismo es positivo, venga de donde venga. Pero si queremos que esa condena sea creíble, no basta con levantar la voz en el Parlamento; hay que acompañarla con acciones coherentes allá donde el partido gobierna.
Porque lo cierto es que el machismo no se manifiesta solo en un gesto o en unas palabras —aunque también importe—, sino que está incrustado en nuestra sociedad como una plaga que se normaliza y se perpetúa. ¿Y qué mayor muestra de esa normalización que la prostitución, que se exhibe sin rubor en muchas ciudades gobernadas por el PP, sin que nadie haga nada por erradicarla de verdad? ¿De qué sirve señalar actitudes machistas si luego se tolera un sistema que convierte el cuerpo de la mujer en mercancía?
La coherencia pasa por legislar y actuar. Por sancionar a quienes demandan prostitución, no solo a quienes la ejercen por pura necesidad. Por cerrar locales que la promueven y dejar de mirar hacia otro lado mientras se lucra a costa de la dignidad de muchas mujeres. No se puede condenar el machismo de boquilla y permitir que prospere cada noche en las aceras de nuestras calles.
Además, ¿por qué no señalamos también otros hábitos profundamente dañinos que la sociedad ha normalizado y los poderes públicos permiten? Hablamos del alcoholismo, del tabaco, de las apuestas… todo está regulado, todo se vende, aunque destruya vidas. El machismo es una pandemia social, pero no la única. Y no se combate con pancartas o notas de prensa, sino con voluntad real y políticas valientes.
Así que sí, aplaudimos el gesto, pero exigimos más. Menos discursos y más hechos. Menos declaraciones institucionales y más medidas que de verdad arranquen el machismo de raíz. Porque si no, seguiremos condenando lo que pasa en el Congreso mientras ignoramos lo que pasa en cada esquina.